lunes, 1 de mayo de 2017

PORTUGAL (NORTE): 4 DÍAS/3 NOCHES. ABRIL 2017


PORTUGAL (NORTE): 4 DÍAS/3 NOCHES. ABRIL 2017.

Oporto, Aveiro, Braga y Valença do Minho.

DÍA 1: OPORTO

                Veníamos (una mujer y un hombre) de pasar unos días por Galicia y se nos había echado el tiempo encima. Durante el trayecto por carretera (españolas y portuguesas) los peajes, si se decide tomarlos, son un dinerillo considerable. Atardeciendo estábamos en Oporto. Nos alojamos en  los apartamentos San Bento Luxury Building, en la calle Mouzinho da Silveira. Muy recomendables: céntricos, acogedores y muy bien cuidados.

                Entre que arreglamos los pagos y nos acomodamos, ese día aprovechamos para imbuirnos un poco en el Oporto nocturno. Es mágico. De día, aun siendo impresionantemente bello, pierde algo de esa magia. Los apartamentos estaban al lado de la estación de trenes Sao Bento (visita obligada) y a un breve paseo de otros lugares emblemáticos como la Plaza de la Liberdade, Torre de los Clérigos o La Catedral  (Sé do Porto) Los lugares con mejor ambiente nocturno están por los alrededores de la Plaza de Carlos Alberto (menos turístico) o de la ribera del Duero (Puente Don Luis I), por lo que decidimos, en primer lugar, recorrer la parte alta y después bajar al río.

                Cenamos justo debajo del apartamento. En  un restaurante-bar-terraza, que resultó estar regentado por el chico que llevaba los apartamentos en los que nos quedábamos. Lo estaba inaugurando y aún no tenía nombre. Las cartas estaban hechas a mano, un poco a la carrera. Nos gustó mucho y la comida estaba buena.

                Desde la catedral (cerrada a esas horas) hay 3 formas de bajar al río. En ascensor (de pago y sujeto a horarios), por unas escaleras que bajan directas (más rápido) o perdiéndose por las callejuelas del casco antiguo para ver sus variopintas casas, la ropa colgada de los balcones, y sus maravillosas vistas. Indistintamente del camino que se elija todos desembocan a los pies del Puente  Don Luis I (de todos el más impactante y mejor ubicado). No cruzamos el puente esa noche. Recorrimos la ribera del barrio antiguo. Suele estar atestada de gente y hay innumerables terrazas donde poder tomar algo antes de dormir. OJO: No en todas las terrazas cobran lo mismo por una misma consumición. Los criterios de esto eran un poco ambiguos, pero todo es fijarse un poco.

                Otra cosa curiosa es la gran cantidad de gaviotas que hay por toda la ciudad. De noche se posan y duermen un poco, pero de día… se está expuesto. Fuera de eso, al menos como turista, te dan mucho juego. Son como palomas y muchas interactúan con las personas.

 

Día 2: OPORTO

                Fuimos a desayunar a la estación Sao Bento. En general, para el día a día, se puede decir que Oporto no es barato. Luego depende de las localizaciones, la suerte, etc…  pero barato no es. Tras desayunar nos propusimos recorrer algunas zonas más profundamente y visitar algunos lugares emblemáticos de la ciudad durante el día. Todo está relativamente cerca en Oporto, por lo que da pie a tomarse la visita relajadamente.

                 Tomando como referencia la Plaza de la Liberdade, sí se continúa subiendo, está la iglesia da Trindade y algún mercadillo. Hacia el Este (derecha) algunos barrios ofrecen un aspecto más vecinal y otros más comercial (calle de Santa Catarina). El lugar está salpicado de iglesias (das Almas, Santo Ildefonso…) y también se puede aprovechar para visitar el emblemático Café Majestic. Esta zona está bien para pasear y perderse por las bonitas calles. Por el otro lado (oeste) se encontraría la Torre de los Clérigos, la librería Lello y otras tantas iglesias (Carmelitas, Carmen…) dignas de visitar. En la torre de los Clérigos (dentro de la iglesia) se realizan conciertos gratuitos (según fechas). Es curioso. Subir a la torre son 4 euros. Esta otraa zona también merece un paseo tranquilo, ya que ofrece algunos rincones encantadores (para recorrer de día) y un ambiente nocturno más bohemio y local. Por los alrededores de la librería Lello hay unas calles con encanto donde, los fines de semana, montan algunos coquetos mercados artesanales. Y cerca de la plaza  de Carlos Alberto, por la tarde noche, es muy agradable tomarse algo en uno de sus bohemios bares. También da juego para perderse por ahí. 

                Para ir desde la plaza de la Liberdade al Duero hay muchas posibilidades: Ir desde la Catedral por alguno de los tres caminos anteriormente mencionados o desviarse por Mouzinho da Silveira y desembocar, por algún punto (hacia la desembocadura) del río. Nosotros volvimos a decantarnos por callejear desde la catedral para visitar el lugar nuevamente de día. Luego tomamos otros itinerarios, pero los que cruzan el barrio antiguo son los más bonitos. Con tanto paseo se nos hizo la hora de comer. Esta vez sí cruzamos el puente. Comimos en Teophilus. Estaba bueno y las raciones eran abundantes. Nota: en todo Portugal se puede valorar pedir un plato para dos.

                En esta parte del río, luego de alguna plaza o iglesia y muchos restaurantes, lo más significativo son sus bodegas. Ofrecen catas y tours guiados. Hay un negocio bueno a su alrededor. Desde aquí se puede subir  al monasterio da Serra do Pilar andando. También hay teleférico (de pago) El barrio es muy curioso, aunque alguna urbanización más pudiente no respete del todo el estilo de las fachadas Afortunadamente es un hecho aislado.
 
 

                Después de subir y bajar (hay varias formas también) cruzamos el Don Luis para hacer el tour de los 5 puentes desde el otro lado (que es desde donde se puede). Pensamos que los más llamativos son los dos que realizó el pupilo de Eiffel. El paseo es agradable, pero a excepción de los puentes, algunas fachadas de casas y, por supuesto, el Duero, no tiene otra cosa. La zona de ambiente a los pies del puente principal siempre está animada. Músicos ambulantes, mercadillos, gente y, por supuesto, terrazas. El paseo y ambiente del lugar son indescriptibles (tanto de día como de noche) Hacia la desembocadura del río se va perdiendo el encanto (a nuestro parecer); hacia el otro lado se llega al centro nuevamente (hay varias maneras) Desde el Palacio da Bolsa, callejeando, se puede ir al río o a Sao Bento (en cuesta)

                Esta noche combinamos el río, la zona universitaria (Plaza Carlos Alberto) y alrededores del centro para el paseo nocturno. La elección de la cena (cerca del río) no fue afortunada, pero el ambiente de ambos lugares continuaba siendo agradable.

 

DÍA 3: OPORTO - AVEIRO  (COSTA NOVA) - OPORTO


                Este día lo cogimos para realizar una excursión a Aveiro. Antes desayunamos en Bella Doce, en la calle de las flores. Bueno, pero caro.

                Con respecto a la librería Lello. Hay dos formas de visitarla: comprando el ticket (en la esquina superior de la misma calle) o comprándolo por internet.  Es 1 euro más barato y no tienes que hacer cola si la compras por internet. El precio de la entrada se te descuenta en las compras de la librería (si se hacen, claro) Nosotros pudimos esperar 20-25 minutos de cola y por dentro, lógicamente, estaba hasta las tachas. No es una visita sosegada. Eso sí, hay que ir. Personajes disfrazados de cuentos pululan por la librería y alrededores.

                A Aveiro (con peajes) serían menos de 50 minutos. En todas las localidades que visitamos el aparcamiento en la calle era de pago y restringido en el tiempo, por lo que había dos opciones: Aparcar en aparcamientos privados o estar al tanto para cambiar el ticket del aparcamiento de la calle. Los de la calle son más económicos, lógicamente.

                Aveiro (casco antiguo y alrededores) es fácil de recorrer. El canal principal divide en dos el casco. Deja en un margen la catedral (Sé), plaza del Marqués de Pombal, iglesia de la Misericordia… Las calles son más amplias. Ya de camino a la catedral se observan construcciones modernas (sin encanto), aunque por otro lado se ve más vida local y también es más económico (por general) que la otra zona. La otra zona (casco antiguo propiamente dicho) es mucho más acogedora y distraída de ver, aunque reducida. Está rodeada por canales por tres de sus lados y en ella se encuentra la lonja del pescado, algunas iglesias (Gonçalinha, Apresentaçao…) y sus estrechas calles. Por este último lado encontramos un bar menos turístico y económico. Era un bar popular (A Bateira). Comida normal, pero precios bastante competitivos.

                Si se tiene tiempo también se pueden visitar sus salinas (un poco alejadas del casco) y la Playa de Barra o Costa Nova. Las salinas tienen gracia si logras ver a gente trabajando, sino son normalitas. Para las playas es necesario el coche (10 min) Playa de Barra es una playa bonita y grande. Espectacular lugar. Hay un paseo de tablas (como avenida) muy integrada con la naturaleza. El faro es llamativo. De resto es un poco ventosa y se ve que la zona está dirigida  al extranjero, con edificaciones tipo turístico. Costa Nova era algo parecido, sin faro, y parece que algo más sofisticado. Nosotros nos acercamos para ver sus pintorescas casas al estilo del barrio de pescadores que había sido. Son unas construcciones curiosas que dan aspecto como de balneario al lugar, pero resultó que tampoco habñia tantas como nos imaginábamos y las que había estaban disgregadas por la zona. Hubiese sido más curioso, al menos desde el punto de vista del visitante, que hubiese habido una hegemonía mayor.
 
 

                De allí volvimos a Oporto. Aparcamos en un garaje privado. Si hablas con los empleados 24 horas de parking salen entre 15-20 euros (más bien 20). Es más rentable llegar a Oporto, verlo y luego coger carretera o alguna excursión. Lo que no se puede hacer es pagar un día y el resto en fracciones horarias. No obstante, la primera opción (pactar 24h) sigue siendo mejor a no ser que se deje el coche por menos de unas ocho horas.

                En Oporto aprovechamos la tarde-noche para despedirnos de la ciudad. Le dimos una vuelta a los alrededores del apartamento y terminamos cerca de la plaza de Carlos Alberto tomando algo en Embaixada do Porto. Un sitio muy curioso, con gente joven y un ambiente bohemio-retro local muy llamativo. Los precios encima eran más asequibles.

                Una curiosidad es que (aunque no se sea amante de la comida rápida) el interior del Mc Donald’s de la plaza Liberdade es bastante exuberante y llamativo. Con lámparas de araña, espejos y molduras, que le daban al lugar un aspecto palaciego. La planta de abajo no se la curraron tanto.

 

DÍA 4: OPORTO - BRAGA- VALENÇA DO MINHO

                Volvíamos a casa desde Galicia por la noche. Aun teníamos un día entero para conocer alguna cosilla más de Portugal. Nos levantamos temprano e hicimos las maletas. Desayunamos, nuevamente, en Bella Doce y a la carretera. Rumbo al aeropuerto.

                De camino hicimos una parada en Braga. Coincidió ser la conmemoración del museo Pio XII, por lo que la entrada a la torre, al museo y alguna cosa más era gratuita. La entrada a catedral costaba 3 euros.

                La ciudad da para más de tres o cuatro horas, aunque ofrece un aspecto, en general, menos encantador que Oporto. No está tan masificada de turistas y los precios son algo más bajos.

                Hay algunas iglesias y plazas llamativas por las afueras, pero todo el meollo está entre la puerta Nova, la iglesia de los Congregados, Nossa Senhora da Torre y el Convento do Populo. Fuera de eso, está la avenida Liberdade, el típico Café a Brasileira y callejear. Hay más ambiente local. Es más real, pero menos cautivador. El aparcamiento también fue más barato.
 
 

                A otros 40 minutos de carretera (todo esto dirección al aeropuerto y pagando peajes) está, haciendo frontera con España, Valença do Minho. Conocido por sus “compras baratas” es interesante visitar La Fortaleza en sí. Es relativamente grandita. Se llega por la parte donde hay más tiendas. Pasando la puerta del medio se llega a otra avenida y a una zona sin tiendas (más de habitantes) con bastante encanto rural. Las vistas de España y el Miño desde la muralla son impresionantes. Hay que olvidarse de las tiendas, pero si hacen falta unas toallas… Allí comimos en Churrasquiera Valenciana . Buenísimo, abundante y barato. Hay donde elegir. Las carnes son excelentes.
 
 

                A 1 km de Valença do Minho está España. De allí fuimos directo al aeropuerto.

miércoles, 1 de febrero de 2017

MALDIVAS: 6 DÍAS/5 NOCHES. ENERO 2017.


MALDIVAS: 6 DÍAS/5 NOCHES. ENERO 2017.

Hudhuran Fushi, Maafushi y Malé.

                En las maldivas se pueden hacer 3 cosas, amén de realizar buceo o snorkel en todo momento, según la isla en la que te quedes:

                Si la isla es privada se tienen todos los servicios cubiertos. Se puede incluso beber alcohol. El resto del país es completamente abstemio y beber alcohol está completamente prohibido. El uso del bikini para las mujeres dependerá de las costumbres locales de cada lugar. Hay islas con “bikini beach” y otras no. Importante por lo tanto informarse bien si lo que se quiere es conocer costumbres locales exclusivamente o también va a apetecer un baño en esas increíbles aguas turquesas. Por último está Malé, la capital. Recuerda las concurridas y caóticas ciudades asiáticas de los alrededores. Muchos turistas la obvian en sus viajes. Aunque caótica es fácil de recorrer una vez ubicado y a nosotros particularmente nos parece indispensable.

                El país se divide en 26 atolones. Hay sobre 200 islas habitadas y cerca de 90 dedicadas únicamente al turismo relax, de un total de 1190. Los atolones más del sur y del norte son más alejados e incluso algunos están deshabitados.

                Este viaje lo hicimos un amigo (hombre) y nosotros (mujer y hombre).

 

Día 1: Hudhuran Fushi

                Llegamos a Maldivas desde Frankfurt. Fue una escala obligada desde Gran Canaria. Eran las ocho de la mañana. El aeropuerto es una pequeña isla al lado de la capital. Es muy recomendable elegir asiento con ventana para poder disfrutar de las vistas aéreas del país.

                Como nos tomamos el viaje como un pequeño regalo y nos gusta hacer de todo, quisimos tocar, un poco, los tres ambientes y exprimir  la estancia todo lo posible. También pensamos que si lo que se busca es únicamente relax: este es el destino.

                Primero tocamos el relax. Nos alojamos en Adaran Ocean Villas (Hudhuran Fushi). En el precio estaba incluido el traslado en lancha, aparte de todo lo demás. Si lo planteas con tiempo puedes indagar precios, ofertas, y en cuanto veas una interesante, no la dejes escapar… vuelan. Pero, en general, los resorts con todo incluido (al final vas a terminar comiendo su comida) suelen ser saladetes (unos más que otros) Este, dentro de los precios más razonables estaba muy, muy bien. La isla era encantadora, cerca de la barrera coralina, el servicio muy bueno… e incluso por las noches acudían tiburones a las cercanías de las instalaciones. Un consejo: Si te hospedas ahí que tu habitación sea dando al ocaso, es mejor.

                Ir a un resort supone que todo lo que quieras hacer (incluido comer) lo vas a tener que hacer a través del propio resort. Como nosotros íbamos a irnos de allí dejamos todo el buceo, excursiones, etc… y nos centramos en el snorkel y en desconectar esos días.

                Pocos más hay que contar. Llegamos temprano. Dos noches.

 

Día 2: Hudhuran Fushi

                Pues eso. Disfrutar.
 


 

Día 3: Hudhuran Fushi - Maafushi

                Sobre el mediodía nos recogió, en el muellito del resort, la barca rápida que nos llevaría al aeropuerto nuevamente. Desde allí cogimos otra lancha rápida hasta Maafushi (15 dólares), con una pequeña escala en Malé. Todo en menos de una hora.

                Maafushi en una isla habitada que se está abriendo a un turismo más económico. Los precios de todo se reducen considerablemente. La isla tiene varias mezquitas y, aunque el pueblo ha aceptado hacer más la vista gorda que en otros lugares con las costumbres indumentarias, fuera de la “bikini beach”, el sentido común y respeto exige un poco más de contención con el exceso de voluptuosidad (pero se puede andar por toda la isla en pantalón corto y manga hueca seas hombre o mujer).

                La isla, viniendo de donde veníamos, tenía ventajas y desventajas. Las principales desventajas: Todo era menos paradisiaco, olvídate del snorkel cercano (todo excursiones), el mar aunque turquesa estaba más revuelto… Las ventajas: Precios mucho más asequibles, distintas ofertas, todo tipo de excursiones, inmersiones, avistamientos… Muchas cosas no las aseguran o como dicen ellos: “Fithty-Fithty”. Es ir y ver si hay suerte, pero si te gusta el tema del submarinismo, snorkel y todo eso… este es tu sitio. Mañana, tarde y noche. Los precios, como ya dijimos, son muy competitivos.
 
 

                Nos alojamos en Seashore Beach inn, en frente de la Bikini Beach. El sitio no estaba mal, con vistas, habitaciones justitas y sin ascensor. Hay muchos tipos de alojamiento por el poblado con encanto. La cercanía a la playa, por dimensiones y por el tipo de isla, a posteriori, no nos pareció de lo más importante. Lo bueno es tomarla como referencia, ya que es la zona por donde puede haber más “jaleo” a la hora de darse un paseo. El resto del pueblo es mucho más tranquilo. Es un pequeño contraste, aunque tampoco hay fiesta como tal.

                La isla merece unos paseítos tranquilos. En ella, como curiosidad, está la cárcel (se puede pasear por los alrededores), pero no se veían presos. Algún momento playa-relax, compras, una buena cena…, pero sobre todo lo dicho: actividades acuáticas de todo tipo. Dos noches, para visitar los alrededores y tener tiempo para todo lo demás, fue suficiente para nosotros.

                Cogimos algunas actividades con icom tours. La oferta es buena y variada. Te hacen un reportaje fotográfico y te lo graban en una memoria. Eso sí, revisarlo es obligatorio, a nosotros  nos grabaron las peripecias de otros grupos y ya, desde casa, no pudimos recuperarla, aunque nos pusimos en contacto con ellos nada más llegar.

 

Día 4: Maafushi

                Actividades, relax y paseos…
 
 

Día 5: Maafushi - Malé

                Por la mañana, antes de abandonar el apartamento, nos levantamos temprano para desayunar (incluido) y disfrutar de los últimos momentos de playa que le quedaban al viaje. Cogimos otra lancha rápida. Se reservan en varios sitios a los mismos precios y horarios.

                Unos 50 minutos hasta Malé. Ya el muelle fue un caos. Tuvimos que ir preguntando para saber quién nos mandaba el hotel, Somerset inn, a recoger (incluido) Nada de cartelitos. El hotel estaba bien ubicado (todo a un paseo) y era correcto.

                Malé rompe la tranquilidad. Un avispero de motos, algunas construcciones curiosas, varias mezquitas (la mezquita antigua, con su cementerio aledaño, es la más destacada) y sobre todo los mercados. Cerca de la Lonja hay varios. En los muelles hay uno con pescado seco, fruta y artículos variopintos. Luego está la propia Lonja. Sin ser muy grande es muy curiosa y se puede observar trasiego local del gremio. La Plaza de la República, la lonja, la mezquita vieja y un poco de avenida marítima, sería la “milla de oro turística”. Sin olvidar sus alrededores. También hay lugares para comer (Olive Garden) y hacer alguna compra, aunque menos relajadamente. Fuera de ahí la avenida principal estaba plagada de comercios y tiendas más al estilo lugareño. Las cercanías de la avenida también son animadas. Se puede recorrer la isla andando. Eso sí, la mayoría de lugares tienen sus horarios adaptados a las costumbres y llamadas al rezo islámicas, por lo que puedas verte con incompatibilidades de momentos coincidentes.
 
 

                Por las noches la ciudad se duerme, desparecen las motos, cierran la mayoría de locales y la gente desaparece de las calles. Es otra ciudad, oscura y laberíntica

                Si se pudiese obviar o no es una decisión personal. Al fin y al cabo se lo pones a una cosa y se lo quitas a otra, pero una visita nos pareció interesante, entretenida y asequible.

 

Día 6: Malé

                Paseamos un poco y desayunamos (incluido) Era viernes, Y todo estaba cerrado. Viene a ser nuestro domingo. Recogimos las cosas. Antes del mediodía el transporte del hotel (incluido) nos llevó al puerto. Desde allí  nos llevaron al aeropuerto en barca. La embarcación, ya no tan moderna, era de uso local y también estaba incluida en el precio del hotel.

                Antes de volver a casa hicimos otra escala en Frankfurt.

martes, 1 de noviembre de 2016

ESCOCIA: 7 DÍAS/6 NOCHES. OCTUBRE 2016


ESCOCIA: 7 DÍAS/6 NOCHES. OCTUBRE 2016

Edimburgo, Kinross, Pitlochry, Inverness, Portree, Fort Williams, Stirling y Glasgow

Día 1: Edimburgo

                Llegamos (una mujer y un hombre) a Escocia vía Madrid. En el aeropuerto hay una guagua: Airlink (4,5 libras), con salidas frecuentes hacía el centro de Edimburgo, que fue la que cogimos. El billete lo vende el propio chofer.

                Llegamos al apartamento (Holyrodd Aparthotel) a la hora del check-in y de ahí a la calle. El apartamento estaba bien situado. Sin lujos. Edimburgo está plagado de lugares de interés. Visual e históricamente es muy entretenida. El primer día, como de costumbre, aprovechamos para ubicarnos un poco.

                Si tomamos como referencia Princes Street, por un lado está (a nuestro parecer la zona más intersante): Edinburgh Castle, Scottish National Galery, la estación de trenes (Waverley Station), Grassmarket, National Museum…  Hacia el norte (menos turística): El Calton Hill, St Andrews Square, Saint Mary´s Cathedral… En los lugares medianamente turísticos se puede comer algo sin mucha complicación. Aunque la ciudad no es demasiado grande, si se quiere ver tranquilamente y visitar sus monumentos sin prisas, es recomendable madrugar y llevar calzado cómodo.

                Este día, recorrimos gran parte de la ciudad. Comimos en puestitos, cenamos en una cadena de comida rápida y paseamos por la Royal Mile antes de ir para la cama. Mucho tute.

 

Día 2: Edimburgo

                Aprovechamos para terminar de ver la ciudad y andarla sosegadamente. Son lugares de visita obligatoria (amén del castillo, catedral…): El Calton Hill, donde disfrutar de unas inmejorables vistas de la ciudad. También,  el Royal Mile Market (un mercado de artesanía muy curioso dentro de una antigua capilla), dar una vuelta por su coqueto y entretenido Museo Nacional (al lado de la estatua del perro Bobby), alguno de sus tours guiados (Real Mary King’s Close…) bajo reserva o pasear por los alrededores de Holyrood Palace. Se puede subir a la montaña, pero es un trecho.
 
 

                Yendo hacia Grassmarket paramos a comernos un bocata de cerdo en Oink!. Buenos y contundentes. Existen varios tamaños. Desde este barrio se puede alcanzar, a un paseo, el Museo Nacional o la zona universitaria.

                Por los alrededores de Grassmarket hay algunas zonas de bares, pubs y discotecas agradables. Cenamos picoteando durante la tarde y de colofón la “backed potato” (depende del relleno será más o menos sabrosa). La Royal Mile siempre está atestada de gente, pero no hay muchos lugares de copas.

                NOTA: En toda Escocia hay tiendas de adornos navideños a buenos precios, que parecen abrir durante todo el año.

 

Dia 3: Inverness (kinross, Pitlochry)

                Cogimos el coche en la estación de Waverley. Lo de conducir por la izquierda es una aventura, que depende de lo arriesgado y mañoso que sea cada cual (para hacerlo o no)

                Antes de llegar a Inverness hicimos una parada técnica, a una hora de carretera, en Kinross para desayunar, en una encantadora cafetería de la cual no recordamos el nombre, ver Loch Leven y el castillo. Poco más.

                Más adelante paramos, nuevamente, en Pitlochry (otra hora) Bonito pueblo, que les encantará a aquellos que puedan gozar de tiempo para pasear por sus parajes más rurales. Moulin, de las zonas más anexas al pueblo, es muy agradable para esto último. El pueblo, entendido como casco, son 4 o 5 calles, aunque muy chulas. Comimos en la cafetería Victoria’s. Normal.

                Llegamos a Inverness tras otra hora y media de coche. Ya atardecía. NOTA: Hay que contar con los cambios horarios (mucho más llamativos por esas latitudes) La ciudad, reconocida como tal desde hace poco, no es gran cosa. Se recorre rápido y hay poco que ver (río Ness, Victorian Market, St Andrew’s Cathedral, iglesias...) También publicitan la estación de guaguas, como reclamo turístico, pero no nos pareció nada del otro mundo. Aquí los precios empiezan a bajar en comparación con Edimburgo. Cenamos unas hamburguesas y nos fuimos a descansar. No había mucho que hacer por la noche.

                 Nos alojamos en Ardentorrie Guest House. Bonito y acogedor. Tiene una terraza, con vistas a la ciudad, donde se desayuna (incluido).

Día 4: Portree (Urquhart Castle, Eilean Donan Castle)

                Una vuelta para ver algún punto de los nombrados antes (de día), desayunar, y para el coche.

                De camino a Urquhart Castle (30 minutos) hay multitud de lugares donde pararse para observar el Lago Ness, pero el propio castillo ya es un buen lugar. Para economizar en los castillos se puede adquirir la Explorer Pass, una tarjeta que, en función de los castillos que se quieran visitar, abarata bastante los precios. No todos los castillos están incluidos, pero la mayoría sí.

                La siguiente parada: Eilean Donan Castle. A una hora de carretera. Este castillo es de pago (7 libras) Sin contar con que el castillo fue decorado en la película de Los Inmortales, es auténticamente bonito. Pertenece a una familia. Es de los más recomendables. Allí  mismo (por fuera) comimos algo.
 
 

                Desde que salimos en el coche, ese día, la carretera fue increíble. Obligaba a parase, a cada instante, y fotografiar paisajes, rebaños de ovejas o a alguno de sus toros peludos. Un espectáculo.
 
 

                A Portree (tras otra horita de coche) llegamos con bastante tiempo para visitar Old Man Of Storr (algo más alejada). Una piedra ubicada en el quintísimo pino, con unos alrededores y unas vistas realmente hermosas. Existen varios miradores y otras zonas de pateos rurales de interés.
 
 

                Cenamos en Cuchullin (muy aconsejable) y nos alojamos en The Portree Hotel (algo caro para las prestaciones)

                Pasear por el pueblo es fácil y necesario. Sobre todo por el puerto (extremadamente pequeño) No hay demasiadas infraestructuras de interés, aunque, para lo pequeño del lugar, varios bares y restaurantes.

Día 5: Stirling (Fort Williams, PN de Trossachs)

                Desayunamos en el  Antlers Bar (incluido) y fuimos a dar una vuelta por los alrededores, antes de volver a coger el coche. Fueron casi 3 horas (con paradas) hasta Fort Williams. El pueblo es recogidito. Tiene una calle principal comercial y poco más. Comimos en The Crofter (comida tradicional muy rica) El camarero fue muy amable y hablaba español.

                Seguimos nuestro viaje a través del Parque Nacional de Trossachs y llegamos, otra vez a causa de las paradas, en algo más de 3 horas a Stirling. Llegamos antes de que oscureciera. Paseamos, como siempre, para ubicarnos y terminamos cenando en un “Fish and Chips” de los alrededores. Nos alojamos en Friars Wynd Hotel. Bastante bien ubicado y acogedor (desayuno incluido).

Día 6: Glasgow

                Lo más destacado de Stirling sería: su castillo (otro de los más bonitos y acondicionados), la Old Town Jail, La iglesia de Holy Rude o rodear la ciudad por el exterior de los restos de su muralla. Luego como siempre, perderse un poco por ahí, aunque, con excepción de algún parque, las afueras carecen de interés. De las ciudades, vistas en este viaje (después de Edimburgo), nos pareció la de más encanto y en la que más cosas uno se podía entretener (dentro del casco histórico). Hay muchas tiendas curiosas, terrazas, y bastante vida por las calles (no exclusivamente turistas) por el día y por a noche.
 
 

                 A un paseo en coche se llega al monumento de William Wallace. Si no se quiere entrar al torreón (de pago) se puede acceder al camino e ir al pie del monumento gratuitamente. El paseo es agradable, el monumento impactante  y las vistas merecen la pena. El lugar más que nada es turístico. De hecho, como curiosidad, muchos de los suvenires tenían el rostro de Mel Gibson.

                Llegamos a Glasgow (1 hora). Realmente pensamos que esta ciudad da para más de un día. Es cierto que arquitectónicamente no es Edimburgo, pero es grande, con mucha más vida local y varios lugares interesantes que conocer. Destacan la Catedral de Mungo (desconocida para muchos lugareños), Buchanan Street, la City Chambers, zona universitaria… Por la noche Buchanan Street y alrededores se ilumina, se pone guapa, aunque mantiene la animación y trasiego diurno. Es posible tomar algo en un ambiente menos turístico. Por lo general, se puede decir que Glasgow es de lo más barato de Escocia. También, en el lado menos bueno, es el lugar donde más pobreza se observa en la calle.

                Comimos en un buffet de comidas del mundo. Muy interesante si te gusta la comida asiática. El alojamiento fue en un Ibis. Discreto y normal. La mayor pega es que, aunque no mucho, estaba algo alejado del centro.

Día 7: Glasgow

                Desayunamos, repetimos algún lugar y fuimos al aeropuerto para volver a casa.

viernes, 1 de julio de 2016

POLONIA 9 DÍAS/8 NOCHES. JUNIO 2016



Cracovia y Varsovia.


En nuestra visita a Polonia nos decantamos por explorar Varsovia y Cracovia. El vuelo lo cogimos directo desde las Palmas de Gran Canaria a Varsovia con una low cost (5 horas). Fuimos 4 adultos (2 mujeres - 2 hombres) y una niña de cinco años. Llegamos a Varsovia de noche y teníamos el transporte reservado hasta nuestro alojamiento. Estaba situado (apartamento) en la calle Piwna, al lado del Mercado de la Ciudad Vieja (Rynek Starego Miasta), donde se encuentra el monumento a la sirenita de Varsovia (símbolo de la ciudad). El apartamento se llamaba AAA Stay Warsaw Apartments. Estaba muy bien ubicado y era acogedor. Quizás, por ponerle un pero, algo vetusto.

Como consejo importante: debemos decir que antes de las doce de la noche cierran las cocinas de todos los restaurantes en la zona, con lo que para cenar estuvimos callejeando hasta que encontramos un Subway abierto. Cenamos, dimos un paseo por el Mercado de la Plaza Vieja (nuevamente), el Krakowskie Przedmieście  (Camino Real), para bajar un poco la cena, y luego a dormir. Estábamos derrotados.

2º día: Varsovia

La primera parada fue en la plaza de la sirenita. Fuimos al punto de información turística a coger algunos mapas y preguntar algunas dudas que teníamos. Desde allí nos dirigimos a coger el tranvía para visitar el mercado de antigüedades de Kole. El tranvía se coge justo debajo de la Columna del Rey Segismundo III Vasa (hay varios números). El mercado no es gran cosa, pero si te gustan las antigüedades hay que visitarlo.

Volvimos a coger el tranvía y regresamos a la Columna de Segismundo (Camino Real) y alrededores para refrescarnos (el día era atorrante), visitar algunos de sus puntos de interés y comer algo en el Zapiecek (Camino Real). Un restaurante agradable y bueno, con chicas vestidas con trajes regionales. Recomendable. Luego, con la compañía de unos helados, nos dimos un agradable paseo hasta el Mercado de La Plaza Nueva y el Monumento al Alzamiento de Varsovia, pasando por la Barbacana (Puerta de la Ciudad Nueva). Tras un largo paseo por los alrededores (hay mucho que ver en la zona: iglesias, edificios…), de repente, nos tropezamos con una multitud que se dirigía hacia el parque Fontann a un festival musical gratuito (por motivo de solsticio de verano) con multitud de puestos de comida, bebidas y suvenires. Disfrutamos de la música y el ambiente, paseamos por los alrededores y volvimos al casco antiguo para cenar en la Plaza Vieja.

Desde el apartamento (en una zona inmejorable) todos los principales puntos de interés de la ciudad vieja están a tiro de piedra y la Ciudad Nueva, también, está a un agradable paseo.
 
3º día: Varsovia

Nos dirigimos a la zona del antiguo gueto judío. Cada día tomábamos por diferentes lugares para así poder ver algunas cosas distintas según el camino que cogiéramos. De camino nos detuvimos a desayunar y visitamos el parque Lazienki. Muy bonito. Por la zona se puede visitar el museo y pasear por algunas calles curiosas y otras no tanto. Se conservan marcadas algunas zonas del antiguo muro. Al atardecer el clima se puso un poco malo y cogimos el tranvía nº 4 para dirigirnos a Annopol y visitar un centro comercial, ya que comenzó a llover. Por el camino se puede parar para ver alguna iglesia curiosa. Comimos en el centro comercial. OJO: No tiene casa de cambios (hay cajeros)

El billete del tranvía se puede comprar en unas máquinas, directamente al conductor o bien en los estancos que suelen haber cerca de las paradas.

Cuando mejoró el tiempo aprovechamos para pasear, tomar unas cervezas y luego cenar en la plaza.

4º día: Varsovia

Nos dirigimos a la estación central para comprar el billete de tren e ir a Cracovia al día siguiente. Toda esa zona es mucho más amplia y moderna, aunque con algunos contrastes. Nos sorprendió que había bastante cola para comprar los billetes, pero, a su vez, había una cola prioritaria para discapacitados, embarazadas o madres con carrito de niño (eso nos salvó). Nos hicieron un descuento familiar por ser cuatro adultos.

Después  nos quedamos visitando la zona centro y su milla de oro. Había una zona peatonal donde comimos en un sitio de carnes riquísimo. La zona se puede aprovechar para hacer compras en grandes cadenas y otras en pequeños comercios más interesantes (vinilos, antigüedades…). De allí nos dirigimos de nuevo hacia el Camino Real, pero por la otra punta, por el monumento de Copérnico, para terminar de nuevo en el barrio histórico. El paseo es interesante.

En Varsovia, este día, coincidió que se jugó un partido de la selección polaca, de la Eurocopa y la gente, sobre todo los hombres más jóvenes, estaban eufóricos, escandalosos y muy borrachos. Lo vivían, vamos a decirlo así, muy intensamente. Nosotros seguimos recorriendo las zonas que más nos habían gustado con tranquilidad. Esa noche cenamos en el apartamento algo ligero. La comida polaca es rica y contundente.

5º día: Varsovia - Cracovia

Hicimos el trayecto en tren desde Varsovia hasta Cracovia (2 horas y media en tren rápido), es puntual y muy cómodo. Te sirven café, té o agua gratuitamente y tiene servicio de comidas de pago.

A la llegada a Cracovia nos dirigimos (antes de ir al alojamiento) a la estación de guaguas para informarnos de los horarios y comprar los billetes para el 7º día (visita de Auschwitz). Los billetes con “asiento reservado” para 5 personas nos costaron 60 zlotys (1 hora y media de trayecto). Solo ida, la vuelta se compra allí.

Nos dirigimos a nuestro alojamiento, previa parada para recoger las llaves. Nos alojamos en Sodispar: apartamento Venice en la calle Bracha. Absolutamente recomendable. Espacioso, moderno, limpio y muy bien situado.

Cracovia nos encantó, es preciosa. Nada más encarar la plaza Rynek Glowny lo supimos. Se dice que es la plaza medieval más grande de Europa y en ella se encuentran, por ejemplo, la lonja de Paños, la iglesia de Santa María. Entre Varsovia y Cracovia nos quedábamos, sin duda, con Cracovia. Bellísima, llena de rincones y con un ambiente muy agradable.

Dejamos las maletas en el loft y nos dirigimos a almorzar a Goscinna Chata (calle Slawkoska), es un restaurante de comida típica. La comida era muy buena y estaba muy bien ambientado. Probamos la sopa típica, que sirven dentro de un pan (mmm, riquísima)

Después de comer visitamos el mercado de Paños y las iglesias de la plaza. Comenzamos a callejear, la ciudad invita a ello (tiene infinidad de rincones con magia), hasta el complejo fortificado Wawel. La visita es aconsejable.

El ambiente en Cracovia por la noche es muy animado. Con músicos por la calle, mercadillos, y mucha gente joven. Quizás más turístico que en Varsovia, pero también con mucho más encanto.

En Cracovia tampoco es un problema encontrar sitios para comer o tomar algo a cualquier hora.

6º día: Cracovia

Este día fuimos caminando hacia la Barbacana, puerta de entrada a la zona amurallada en la antigüedad, y a la zona de Florian. Vimos la plaza Matejki y luego dimos un paseo, rodeando la muralla, por los jardines de Planty, hasta la orilla del río, donde encontramos un pequeño paseo de la fama y la archiconocida estatua del dragón, que nos recibió soltando una llamarada de fuego de entre sus fauces.

Seguimos la ribera del río Vístula hasta el barrio judío y el antiguo gueto, Kazimierz. Comimos en la terraza Scandale (buena carne) en frente de la plaza Nowy. Visitamos el mercadillo de la plaza (también interesante) y tras alguna compra nos dirigimos a visitar el corazón del barrio, las sinagogas, el cementerio… Luego cruzamos el puente para visitar otros puntos significativos: plac Bohaterow Getta, los restos del muro del gueto…
 
Después de todo esto, como estábamos cansados, para volver a la zona antigua cogimos el tranvía. Una vez allí nos regalamos un ratito tomando un refrigerio en la plaza Maty Rynek ,ubicada justo detrás de la iglesia de Santa María, y luego nos dedicamos a pasear y escuchar a músicos en la calle.

Este día decidimos recogernos relativamente pronto, cenar en el apartamento y descansar,  ya que al día siguiente nos esperaba un buen madrugón para la visita de Auschwitz-Birkenau.

7º día: Cracovia - Auschwitz - Cracovia

Madrugamos (06.15) para ir a la estación y dirigirnos al antiguo campo de concentración y exterminio. La guagua de ida (salía a las 07.50), que en realidad era un microbús, y los asientos, que al contrario de lo que nos dijeron no estaban asignados, fue un medio timo. De hecho hubo gente que estuvo la hora y media del trayecto de pie o sentada en el pasillo. De todas formas existen varias compañías que hacen el trayecto, y pero, según nos dijeron, ponen las guaguas o microbuses en función de las reservas (pero como también la pueden coger los autóctonos u otros guiris sobre la marcha…). Es raro.

La visita a Auschwitz-Birkenau fue lo que se esperaba: sobrecogedora. Nos tocó ir en un día muy caluroso. La visita, si no vas con guía, se hace en unas cinco horas aproximadamente. La guagua interna es gratuita y la frecuencia depende de la hora del día.

A la vuelta tuvimos más suerte con la compañía de guaguas y era bastante mejor… era una guagua de verdad.

Al volver a la estación dimos un paseo por su galería comercial. Después del calor que habíamos pasado nos vino muy bien estar bajo techo, un tiempo, con aire acondicionado. Comimos ahí mismo. NOTA: Cracovia es un buen lugar para comprar zapatos y artículos de piel a buen precio.

Por la tarde disfrutamos de otros buenos paseos por los extrarradios en busca de algún lugar o, simplemente, por ver otras zonas, pero lo cierto es que siempre terminábamos en la plaza principal  y sus alrededores.

8º día: Cracovia

Este día habían montado unos puestitos en la plaza y, si ya de por si tiene encanto, aquello era un extra. Por supuesto navegamos entre artículos de la 2ª  Guerra Mundial, antigüedades… Luego, una vez saciada la curiosidad consumista, decidimos coger un carrito de tour guiado, para los cinco, que nos llevó a los puntos más importantes, otra vez, explicándonos una breve historia de cada sitio con una audioguía y el chofer (inglés), que también hacía de guía dentro de los templos. Fuera de que lo ya habíamos visitado, nos llamó la atención el museo de la fábrica de Schindler (muy recomendable) Las entradas estaban incluidas en el precio del tour. Cuando terminó le dijimos al chico que nos recomendara un lugar típico para comer y eso hizo, pero era un local pequeño y estaba lleno (tenía muy buena pinta). Fuimos a La Fontaine (calle Slawkowska) que también nos gustó. Estaba ubicado en uno de los subterráneos de la zona medieval de Cracovia.

Luego dimos un último paseo por la plaza y zonas aledañas, hicimos las últimas fotos y fuimos al apartamento, para luego salir a disfrutar la noche de Cracoviana en toda su esencia. Como curiosidad: los baños de los locales suelen ser mixtos.

9º día: Cracovia

Aeropuerto y a casa (directo). Por cierto, si te sobran muchos zlotys cámbialos antes de ir al aeropuerto, porque no hay oficinas de cambio y solo hay una tienda duty free donde gastarlos, en la que te devuelven (el cambio) en la misma moneda en la que compras. Otra opción es guardarlos para gastarlos en el duty free del avión o especular con divisas.

viernes, 1 de abril de 2016

RUMANÍA EN UNA SEMANA. MARZO 2016


RUMANÍA EN UNA SEMANA.  MARZO 2016
 

Bucarest – Brasov (SINAIA – BRAN) – SIghisoarA – Sibiu (BIERTAN) – Pitesti (SNAGOV)

Rumanía es un  país que todavía no está muy explotado, turísticamente hablando. Eso nos gustó bastante porque puedes ver realmente el vivir del día a día de la gente. Por otro lado, el desconocimiento y la falta de información con la que afrontas el viaje te hace ser un pelín más precavido.

Tenemos que decir que nosotros no tuvimos ningún problema, ningún tipo de inseguridad, ni por el día ni por las noches. Nos sorprendió el nivel de desarrollo de las zonas urbanas y no tuvimos ningún contratiempo realizando el viaje por libre con un coche alquilado.

Día 1: GRAN CANARIA-MADRID-Bucarest.

Llegamos por la noche a Bucarest dos personas (un hombre y una mujer). Esa noche lo único que nos dio tiempo a hacer fue una primera toma de contacto, que resultó ser muy entretenida.

Dejamos nuestro equipaje en el hotel (Old City Bucharest DN Hotels), situado en el centro histórico. Una zona muy animada de marcha nocturna.

Nos dirigimos a dar un paseo y cenar algo. Fuimos a un restaurante tradicional (Taverna Covaci) que nos recomendó Flavius, el dueño del hotel donde nos hospedamos.

En el restaurante, aparte de cenar, se formó un jolgorio impresionante con música rumana en directo. Sacaron a bailar a los comensales y, cuando nos dimos cuenta, el ambiente estaba tan animado que había más gente bailando en el centro del salón (incluidos nosotros) que sentados en sus mesas. Fue divertido.

Al terminar fuimos a dar otro  breve paseo de camino al hotel para, sobre todo, bajar la contundente comida típica.

Día 2: Bucarest.

Este día lo dedicamos a ver toda la ciudad vieja de Bucarest e improvisar un recorrido para conocer sus lugares más emblemáticos (sin olvidar los extrarradios). Importante aprovechar el sol.
 
 

Nuestro tour comenzó, como ya dijimos, por la ciudad vieja. Tras unos paseos encantadores nos dirigimos a la zona del Palacio del Parlamento, cruzamos el parque Izvor y subimos hasta el Arco del Triunfo (pasando por Gara de Nord, el museo Nacional de Historia…). De vuelta paseamos por el parque Herastrau, salimos por la Piata Charles de Gaulle, bajamos por el Boulevard de los aviadores hasta la Piata Victorei y luego hasta la Piata Romana. Vimos el Ateneo Romano y el Teatro Nacional de camino al casco antiguo, donde acabamos para disfrutar, un poco, de la tarde y el ambiente nocturno durante la última noche. La librería Carturesti es majestuosa y hay que visitarla.

Día 3: BUCAREST – Sinaia – Bran – Brasov.

Madrugamos para dirigirnos (taxi) al aeropuerto internacional de Otopeni, donde recogimos el coche de alquiler con la empresa Autonom (muy bien).

Comenzamos la ruta hacia Brasov y teníamos planeadas varias paradas en el camino.

Hicimos la primera parada en Sinaia (1:30 horas aprox.), donde nos recibió una cellisca de nieve. El pueblo es muy bonito y el camino al Castillo de Peles lo hicimos caminando, a pesar de las inclemencias climáticas. También visitamos el Monasterio de Sinaia.

Seguimos nuestro camino dirigiéndonos a nuestra segunda parada: Bran (50 min). Según llegamos al pueblo comenzó a nevar de nuevo.

Visitamos el Castillo de Bran que nos gustó mucho. En la antesala de la entrada al castillo había una zona de puestos de suvenires bastante surtido pero, como el tiempo no acompañaba para ir de compras, seguimos nuestro camino tras un breve vistazo.

Llegamos a Brasov (45 min) sobre las tres de la tarde. Nos dirigimos a nuestro alojamiento que, en este caso, era un apartamento precioso (Versus Art Studio) con vistas al famoso cartel de Brasov (al estilo de el de Hollywood). Allí nos esperaba miss Clara, una encantadora ama de llaves.

Brasov es una ciudad preciosa, con su plaza Sfatului, su Ayuntamiento, sus edificios… Un giro de 180 grados te regala una maravillosa vista de la plaza y alrededores. Brasov es una ciudad para caminar, visitar su Iglesia Negra (cierra los lunes), los alrededores de la muralla, La Torre Blanca, la Torre Negra, la Puerta de Caterina, el complejo Olimpia, la Sinagoga, la calle Sforii (dicen que es de las más estrechas. Nosotros no lo tenemos tan claro) y otros muchos lugares. Fuera de la puerta de Schei (da nombre al barrio del mismo nombre) era donde vivía el pueblo Rumano cuando tenían prohibida la entrada a las murallas de Brasov. Su plaza Unirii y la preciosa Iglesia de San Nicolás de Schei dan para un paseo encantador.

Si se dispone de tiempo y ganas se puede subir al monte Tampa donde está el cartel de Brasov. (Hay un teleférico). También se puede visitar la ciudadela.

Día 4: BRASOV- Sighisoara.

Nos levantamos temprano para dar el último paseo por la encantadora Brasov y, tras el desayuno, seguir nuestro camino.

Llegamos a Sighisoara (2 horas) dirigiéndonos a la zona de la ciudad vieja, que es donde se concentran los atractivos turísticos y donde estaba nuestro hotel (Hotel Sighisoara) Un edificio de 500 años de antigüedad muy bien conservado. NOTA: se supone que los coches no pueden aparcar en la zona histórica, solo dejar pasajeros. Nuestro hotel tenía parking interior para evitar las multas.

La zona de la ciudadela se encuentra en la cima de la montaña y está amurallada. Las vistas son impresionantes y la visita de sus calles también.
 
 
 
Vimos la Torre del Reloj, la Iglesia de la Colina, las Torres de los Sastres y los Orfebres, la estatua de Vlad Tepes, subimos por unas escaleras cubiertas (construidas en el año 1642) y, por supuesto, visitamos y cenamos (ahora es un restaurante) la Casa Drácula. Fue donde nació Vlad Tepes y, se dice que, vivió hasta los cuatro o seis años (hay controversia). El extrarradio tiene una iglesia bonita y algún parque o casa curiosa, pero poco más.

Día 5: SIGHISOARA – Biertan – Sibiu

De camino a Sibiu hicimos una parada en Biertan (30 min.) para ver su Iglesia fortificada. Algo que nos llamó la atención de Rumanía es que, en algunos lugares de visita, te ponían un número de teléfono para llamar al guardián y concretar la visita cuando estás allí (sobre la marcha). Esta vez no quisimos entretenernos y la vimos por fuera, tras visitar el pueblito.

Biertan era una zona rural. Vimos carros de caballos, pozos de agua, y un ambiente que te evoca, quizás, una época medieval.

Llegamos a Sibiu (1:30 horas), nos dirigimos a nuestro apartamento (Archivelor Apartment) para dejar nuestras cosas y continuar la visita de la ciudad.
 
 

Sibiu nos encantó. Sus tejados con ojos cansados, que parecen observarte, su imponente Piata Mare, su encantadora Piata Mica, la Basílica Evangélica, la Piata Huet, el Puente de Hierro, la Iglesia de Santa Úrsula… o caminar, simplemente, por la calle peatonal Nicolae Balcescu, donde también hay abundantes terrazas donde tomar un tentempié, es imprescindible.

Sibiu es una ciudad con mucha oferta gastronómica y de ocio, quizá la más amable para el turista (se encuentra más ofertas de todo). En la zona centro hay tiendas de productos artesanales tradicionales y en la zona del extrarradio se encuentran outlets y centros comerciales (de estilo asiático) muy interesantes.

Día 6: SIBIU – Pitesti.

De Sibiu a Pitesti (casi 3 horas)  fue la única vez que cogimos autopista (durante una parte del camino). También había una parte de carretera de montaña paralela al río preciosa. En realidad, conducir por toda la zona de los Cárpatos es encantador. Se pueden ver rebaños de ovejas en las orillas de las carreteras, puestitos de queso artesanales, valles hermosos… En este último tramo, hasta llegar a Pitesti, los pueblos se encadenan y hacen la conducción mucho más tediosa.

Pitesti es una ciudad en la que hicimos noche (hotel Arges) por hacer un alto en el camino de vuelta, pero que realmente no tiene mucho encanto.

La zona central discurre en una avenida peatonal con algunas tiendas, centros comerciales y bares. NOTA: No hay mapas turísticos.

Salimos un poco de la zona centro y encontramos un mercado local dividido por gremios de ropa, verduras, carnes… muy curioso. El resto del extrarradio, con alguna excepción, carece de interés.

Algunos  camareros en Rumanía no nos parecieron que tuvieran muchas dotes de cara al cliente, pero en esta ciudad muchísimo menos. Igual se trata de algo cultural.

Como curiosidad, por la noche, en Pitesti (en el centro) se veían bandadas de pájaros, que iban de un lado a otro,  sin rumbo, graznando y provocando un ruido ensordecedor. Era un poco tétrico.

Día 7: PITESTI-Snagov-Otopeni-Madrid-Gran Canaria.

Nos dirigimos a Snagov (2 horas aprox.) para para visitar su monasterio donde reposan los restos de Vlad Tepes, excepto su cabeza, entregada a los turcos (según cuenta la leyenda)

Para llegar a Snagov la carretera es buena y tranquila. La entrada hacia el monasterio, no obstante, no está señalizada.

El monasterio se encuentra en una isla al norte del lago de Snagov. La información con la que contábamos decía que había que alquilar unas barcas para acceder a éste, pero había un puente que unía ambos márgenes (también hay que llamar al encargado y la entrada es de pago). La visita es interesante y hay que estar en silencio, ya que se trata de un monasterio en funcionamiento.
 
 

Como todavía contábamos con tiempo (nuestro avión salía de tarde) decidimos parar a comer en el restaurante Dolce Vita, con una terraza con vistas al lago maravillosa, donde comimos un pescado sensacional.

Luego al aeropuerto (30 min.) a devolver el coche y volver a casa.

Un destino sorprendente.

 

E.Jota