lunes, 1 de noviembre de 2010

SENEGAL: 12 DÍAS-11 NOCHES. OCTUBRE 2010.


SENEGAL: 12 DÍAS-11 NOCHES. OCTUBRE 2010.

LAGO ROSA - SAINT LOUIS - LENGUA DE BARBARIE - SALY (BANDÍA, MBOUR) - KAOLACK (JOAL-FADIOUT, NDANGANE) - TOUBAKOUTA - DAKAR (GORÉE).

 

Iberia realizaba (creemos que aún las realiza) conexiones directas desde Gran Canaria. Y aunque el vuelo realmente venía de Madrid, y terminaba llegando cerca de las once de la noche a Dakar, para nosotros era directo.

 

Día 1) Gran Canaria --- Dakar

Dakar es una ciudad muy movida y llena de contrastes. La capital senegalesa obliga al visitante a conocerla  poco a poco. A trozos... Lo más recomendable sería, por lo tanto, pasar la primera noche en ella, con vistas a asegurar un transporte, y comenzar la ruta al día siguiente. Esto nos da la oportunidad de conocer otras ciudades y pueblos de Senegal  más tranquilamente, con más calma, antes de volver a la frenética Dakar.

Nosotros (2 personas: hombre-mujer) llegamos en horario de noche. Ya a oscuras. En esas circunstancias tenemos que reconocer que, al salir de la terminal, quedamos impactados por la multitud de gente que se  nos echó encima hablándonos a la vez y, también, por el gran número de  hogueras que ardían en los aledaños del aeropuerto. No resultó peligroso. Eso sí, se venga como se venga (mareado, cansado…) se te quita todo. Un enjambre de personas se nos abalanzó ofreciendo servicios de maleteros, transporte, guía… Se hacía difícil andar. Es preferible contratar a los maleteros del interior y decirles que te lleven a los taxis oficiales. (NOTA: La oficina de cambio permanecía abierta, pero todo el mundo acepta euros). Una vez asumido todo el bullicio (siguiendo al maletero) cogimos un taxi dirección Dakar. El hotel (Farid) que escogimos para esa noche estaba la zona centro (Plateau). El hotel no estaba mal, pero no era barato. Allí, mientras aguantamos despiertos esa noche y a la mañana siguiente, estuvimos buscando transporte hacia el Lago Rosa y curioseando por los alrededores.

Entre pitos y flautas: Informándonos con distintas personas de los precios de los coches (con chofer) y realizando el ckeck-in nos cerraron todas las cocinas. Esa noche sólo pudimos cenar unos frutos secos y unos cuantos refrescos en un bar cerca del hotel. Después unas chocolatinas que teníamos en la habitación. No fue un día de mucho gasto.

 

Día 2: Dakar --- Lago Rosa

Levantarse temprano es fundamental para no desaprovechar mucho el tiempo. Las carreteras son  de tierra y con muchos baches, por lo que es aconsejable contratar un taxi o chofer lugareño y concertar una hora temprana para la salida. Las tarifas son negociables y, si se hace así,  aproximadamente en una hora se llega al lago.

Nosotros nos levantamos a las 6:30 para dar un paseo por los alrededores y seguir preguntando precios para ir hasta el Lago Rosa. La zona de Plateau, que era la del hotel, fue aumentando su actividad y se fue poniendo cada  vez más bulliciosa durante la mañana. Nos fuimos sobre las 10. El transporte lo contratamos con el tío (taxista) de un recepcionista del hotel. Tras un arduo regateo, pero sin apretar demasiado, el señor aceptó llevarnos al Lago Rosa y al día siguiente a Saint Louis. El hombre sólo hablaba wolof (un dialecto local), pero nos entendimos a la perfección para llegar a donde queríamos o desviarnos para ver algo que nos interesase. Lo normal, a no ser que se conozca algún dialecto, es comunicarse en francés, pero no tuvimos problemas para encontrar gente que hablase español o inglés simplemente preguntando.

El Lago Rosa era la meta del París-Dakar (cuando la carrera se desarrollaba en el continente africano). Por aquel entonces acogía bastante turismo vinculado a la carrera y por eso, aunque la cosa no va tan bien ahora, resultó  fácil encontrar alojamiento sobre la marcha.

El lugar debe su nombre al lago aledaño que, en ocasiones, se torna de ese color debido a su alta salinidad (10  veces mayor que el mar) y en el cual incluso se puede flotar.  El Lago Rosa es un pequeño oasis entre dunas, playas desiertas, pequeños poblados y, por supuesto, montañas de sal. Un buen lugar para descansar de la carretera y pasar, por lo menos, una noche.
 

 
Llegamos al Lago Rosa antes del mediodía y nos hospedamos en el hotel Chez Salim. Unas preciosas habitaciones redondas (con baño) al estilo autóctono, en unas bonitas instalaciones, cerca de una pequeña lengua del desierto, a un precio inmejorable. A un paseíto de la playa y, por supuesto, al lado  (norte) del famoso Lago Rosa.

Optamos por un plan tranquilo. Alquilamos un destartalado jeep con chofer, durante unas cuantas horas, para ir a conocer los poblados nómadas que vivían entre las dunas, perdernos en el desierto (por los antiguos caminos del París-Dakar) y recorrer las imponentes salinas del lago. (NOTA: Se pueden alquilar: camellos, boogies, motos…). Luego bajamos a la pequeña aldea, dónde había una coqueta zona comercial de productos artesanales y algunas bonitas casas de madera. Bañarse en el lago, cuya salinidad es 10 veces mayor que el mar y donde se puede flotar, es un turistada obligatoria. Y los paseos por las playas desiertas son inevitables.

Las comidas las hicimos en el hotel. Y no fueron para nada caras. Pero eso es según lo que se coma, y lo que se quiera beber. Las cervezas, por ejemplo, están sobre uno o dos euros en la mayoría de hoteles. Se puede comer en algunos lugares locales en la “zona comercial”.

En los momentos muertos preguntábamos precios por transportes y nos dimos cuenta que nuestro transporte era, por lo menos, un 40-50% más caro de lo que se podía negociar. Al día siguiente hablamos con el amigo (nos entendimos) y le propusimos que si quería llevarnos era mejor pagar lo del día, pero no pactar nada hasta no ver otros precios. El hombre ajustó bastante. De hecho, lo volvimos a contratar para que  nos llevase a Saly por menos de lo que nos habían costado los dos anteriores… y aún se pudo economizar más.

 

 

Día 3) Lago Rosa --- Saint Louis

Ciudad de estilo colonial. Perfecta para hacer otro alto en el camino y recorrer sus rincones pausadamente. Es la antigua capital del país y de la colonia francesa del África Occidental.  Son, aproximadamente, 4 horas de carretera algo más estables, pero con algunas sorpresas. Imprescindible madrugar.

Recorrer las calles de Saint Louis buscando lugares o encontrando lugares que no buscabas, entre calles de tierra, es un auténtico placer. Es un lugar fácil de visitar y se recorre parándose para comer o beber algo, sentándote en un banco o hablando con su gente. Imprescindible es visitar el barrio pesquero repleto de enormes cayucos. También hay ocio nocturno y lugares donde tomarse una copa. Sobre todo en los alrededores del puente de entrada a la ciudad. Se dice que fue el propio Gustave Eiffel el que lo diseñó.

No encontramos problemas para comer, a buen precio, mientras recorríamos la ciudad. En un día da tiempo de visitar sus bonitos rincones.

Buscar alojamiento por la zona centro no es difícil. Incluso algunos hoteles ofrecen descuentos en los alojamientos de la Lengua de Barbarie si te hospedas con ellos. Nos alojamos en el Hotel La Residence. Muy, muy bonito, Es un edificio colonial (no barato). Allí también reservamos el hotel en la lengua (comidas incluidas), ya que nos hacía un descuento, por ser clientes, y en la guía, el alojamiento, parecía que tenía buena pinta. El transporte no estaba incluido.

Aquí fue donde conocimos a Ismael. Un muchacho (hablaba español bien) que había sido guía en la época de los rallyes del Dakar. Primero lo vimos en hotel La Residence. Era amigo del recepcionista o al menos eso nos dijo al principio (al día siguiente, cuando le esperábamos, y se retrasaba, dijo no conocerle). Nos ofreció (Ismael) hacernos un precio por acompañarnos y encargarse de transporte, dieta y alojamiento (conseguía mejores precios). Todo excepto bebidas. Hicimos cálculos y pactamos no pagar de golpe. Íbamos avanzando y, como al día siguiente íbamos a la Lengua de Barbarie, le propusimos que nos organizase una visita a la zona de avistamiento de aves, manglares y así conocer los alrededores. También se encargó de llevarnos  hasta el embarcadero del Faro  de Gandiol y al hotel que habíamos reservado en la lengua. Pactamos un precio, una hora y lo hicimos.

 

Día 4: Saint Louis --- Lengua de Barbarie:

 

Cruzando el rio Senegal, entre infinidad de especies de pájaros (para los amantes de la ornitología), se llega a esta zona paradisiaca del país. Su nombre es muy ilustrativo. Es una lengua de tierra que por lo que se cuenta, debido a la ocurrencia de alguien que pensó que sería divertido dividirla en dos, ahora, se va consumiendo lentamente. Hasta que un día desaparecerá por completo.

No hace falta madrugar excesivamente. Para las jornadas maratonianas que esperan en la carretera se puede decir que la Lengua de Barbarie está al lado. Habíamos quedado con Ismael a las 9:30, pero salimos sobre las 10.

Lo más aconsejable es llevar cerrado el alojamiento desde Saint Louis. Hay que llegar al Faro de Gandiol por carretera, pero aunque es muy mala por lo menos es cerca. Desde allí se coge un cayuco que te lleva al lugar pactado. Si se  quiere ver la reserva de pájaros y algunos manglares lo mejor es llevarlo pactado también desde St. Louise.

Toda la zona es una auténtica maravilla y hay diversas posibilidades de alojamiento siempre dirigidos al relax entre el rio y el mar. El Hotel Ocean & Savane es maravilloso. El alojamiento era unas cabañas que medio flotaban, por el lado del río, y en las que podía haber cabido otra pareja perfectamente. Las instalaciones respetaban bastante el entorno y se esforzaron, en todo momento, para que nos lo pasáramos bien. En todas las comidas hacían algún tipo de espectáculo algo más turístico. Tenían un bar con unas vistas maravillosas al río. Nada caro. Por el otro lado de la Lengua está el salvaje océano Atlántico castigando una costa de playas desiertas, de no ser por la infinidad de cangrejos que había en ellas. Luego, por la noche, los cangrejos se dirigían a las zonas comunes del hotel y se hacían fuertes, pero sin molestar.

Todo estaba pagado desde el día anterior. Así que nos dedicamos a lo que nos invitaba a hacer el lugar. Relajarnos y disfrutar.

Este primer tercio del viaje, quizás, resultó un poco más caro que el resto. El hecho de contar con Ismael, para asesorarnos, abarató bastante los costes en lo que nos restaba de aventura.

 

Día 5) Lengua de Barbarie --- Saly

 Otra jornada maratoniana en coche (+/- 4:30 horas con paradas). Saly es el lugar más turístico del norte de Senegal. Buen lugar para buscar alojamiento, disfrutar un poco de la playa y realizar unas interesantes excursiones a zonas cercanas como: la Reserva de Bandía (para los amantes de los animales en estado salvaje) y a Mbour (impresionante pueblo pesquero y mercado).

Se hace necesario tomar 2 noches para evitar prisas y disfrutar de las excursiones pausadamente. Nos alojamos en La Médina (zona: Portudal). Un hotel, coqueto, con un gran patio interior y piscina. Buen precio. A unas cuantas manzanas de la playa. Todo gira alrededor de la playa.

Saly nos pareció una ciudad sin mucho encanto autóctono. Muchos negocios estaban regentados por europeos y ofrecían un ambiente más refinado. También es un lugar con una vida nocturna bastante animada. Es donde más occidentales vimos.

Hay que reconocer, para que nadie se lleve a engaños, que tampoco es una zona turística al huso. Por ejemplo, excepto la calle principal y aquellas aledañas a las grandes cadenas hoteleras todas  las demás eran de tierra, con casas sin encalar y cabras comiendo por las calles (esto último es muy usual).

Lo más interesante de la región sin duda no está en Saly. Pero para alojarse es aconsejable. El primer día aprovechamos para relajarnos un poco en la playa, pasear, cenar y una salidita nocturna. De noche no hay demasiada iluminación y nos costó encontrar el camino de vuelta.

 

Día 6) Excursiones  (Mbour – Reserva de Bandia)

                Estas excursiones en función de lo que se pacte pueden llevar casi todo el día. Nosotros madrugamos y pudimos ver ambos lugares, en su esplendor, cómodamente. Luego pudimos descansar esa noche, otra vez, en Saly.

 La Reserva de Bandía: Lejos de ser una gran reserva como las de Kenia (con leones, hipopótamos o impalas) merece bastante la pena visitarla. Se pueden ver jirafas, rinocerontes, hienas, jabalíes y muchos otros animales libres en su entorno. Menos el rinoceronte todos los animales son fáciles de encontrar.
 
 

Mbour: Ya son palabras mayores. Su encantador mercado, atestado de gente, con su playa y pueblo pesquero, donde se ve el pescado pasar desde las barcas,  de mano en mano, a la lonja. Es impresionante Conviene llegar temprano y visitarlo  con calma.

 

Día 7) Saly --- Joal Fadiout --- Ndangane --- Kaolack

Otras tres horitas y pico  de carretera (sin paradas) y con la grandísima excepción del mercado cubierto (una auténtica e inmensa maravilla), que es el más grande de todo Senegal (y de los más grandes de África), poco más hay que hacer por la zona (Kaolack). Por eso lo interesante es tomarlo como lugar refugio y de paso. Y reservar unas cuantas horas de la mañana siguiente para visitar tranquilamente el mercado y luego seguir el camino.

 La carretera, sin duda, será mucho más llevadera con las visitas a:

 Joal-Fadiout : Única ciudad de mayoría cristiana de Senegal ( con el suelo completamente cubierto de conchas) La visita es con guía del lugar a parte del tuyo. Muchos guías hablan español (no muy bien.) Es una zona encantadora, muy típica y con un cementerio compartido entre musulmanes y cristianos. Preparad un par de horitas para ver la zona relajadamente.

Realmente son dos lugares separados por un puente (Joal y Fadiout) La parte que más merece la pena es Fadiout.

Ndangane: Pequeño pueblo pesquero, algo turístico, fácil de visitar. También se puede comer (hay muchos restaurantes) La playita con los cayucos es preciosa. Se puede tomar un baño.

También visitamos algunas aldeas y un baobab centenario (o milenario) de camino.

En Kaolack nos alojamos en Hotel Le Relais. Un hotel de paso, para negocios y esos menesteres, al más puro estilo local. Ofrece bonitas cabañas para dormir. Tiene restaurante y bar. No fue de los más baratos.

 

Día 8) Kaolack ---Toubakouta:

Toda la mañana se puede pasar recorriendo los innumerables pasillos del inmenso mercado de Kaolack, Está dividido en zonas gremiales. Hay puestos de santería. Muy típico y aconsejable. Para disfrutarlo conviene ir con alguien que traduzca y permita interactuar con la gente, ya que la mayoría sólo habla dialectos.
 
 

Toubakouta, sin embargo, es un lugar para reposar, ver manglares y conocer poblados y sus amables gentes. Aunque esto último se puede hacer en todo Senegal. Es el lugar perfecto para pasar otras dos noches y olvidarse del coche por un tiempo.

Son más de 2 horas de coche hasta Toubakouta. Sería recomendable tomarse, al menos, dos días de relax  en este encantador pueblito visitando sus calles, sus tiendas, y contemplando el atardecer desde algún precioso embarcadero de madera. Las horas pasarán sin apenas darse uno cuenta.

Hay buena disponibilidad de alojamientos. Nosotros elegimos el Campamento Les Coquillages. Son cabañitas sencillas, limpias y muy económicas.

Aquí tuvimos la fortuna de coincidir, nada más llegar, con la fiesta por el nacimiento de una niña del pueblo. Un gran evento donde la madre de la criatura se tiene que cambiar de vestido, varias veces en el día, como parte del protocolo. Fue un auténtico privilegio para nosotros poder compartir una celebración tan íntima. Pudimos probar mucho de la rica cocina senegalesa. También nos invitaron al jugar al futbol con los jóvenes del pueblo y a tomar té en sus casas. Y, por supuesto, no nos podemos olvidar de nuestro amigo:”Chez Boom”. Un cocinero impresionante en cuyo restaurante (en aquel entonces todavía en construcción) comimos de maravilla durante esos días. Había otros lugares locales o alojamientos donde comer, pero Chef Boom era el mejor. La fiesta (durante todo el día y noche), el partido, los tés y unas cuantas escapadas para explorar el lugar consumieron un fabuloso día.

 

Día 9) Toubakouta (Excursiones)

 El día siguiente se puede dedicar a navegar viendo manglares y visitar los poblados de los alrededores que, aunque suene pesado repetirlo, nos parecieron maravillosos. Conocimos algunos reyes y reinas de aldeas. El río y sus manglares esconden unos rincones preciosos. Es un lugar para saborear tranquilamente.

 

Día 10) Toubakouta --- Dakar

Desde Toubakouta hasta Dakar queda por delante una  jornada maratoniana en coche (+/- 5 horas). Lo hicimos de pechada. Sólo paramos para ir al baño.

Como ya se advirtió Dakar hay que tomárselo con calma. Y excepto la excursión a Gorée, que se puede hacer por libre tranquilamente, es recomendable ir de la mano de algún lugareño cuando se quiera visitar los rincones de Dakar. Es mucho más cómodo en tanto en cuanto existen zonas, en general por el centro, de un bullicio y un tráfico infernal donde, como en el aeropuerto, las personas se te abalanzan para venderte o decirte algo. No siempre es así, pero puede pasar de no ser así a serlo rápidamente y hay que estar atento.

Nuestro campamento base lo pusimos esta vez en Ngor, el Hotel La Brazzérade (bonito y cerca de la playa),y desde allí nos movimos. La elegimos por ser una zona relativamente alejada del bullicio del centro, pero no demasiado. Tiene ambiente pesquero,  una maravillosa playa llena de gente del lugar, una isla (que da nombre a toda la zona) y no muchos turistas. Este lugar es sin duda, en nuestra opinión, mucho más acogedor que el bullicioso centro de Dakar.

También tuvimos la suerte, ese día, de disfrutar de una comida típica en casa de unos familiares de Ismael. Conocimos a su tía, hermanas e hija y disfrutamos de un encantador ambiente familiar.

Ese día estuvimos recorriendo la zona de Ngor. Hay un centro comercial (con comida a la europea), pero se puede comer desde comida local a lo que, dentro de unos límites, se quiera.

 

Día 11) Dakar (Excursión Goreé)

                Nos levantamos temprano y, pasando por el monumento del Renacimiento Africano para sacar unas fotos, nos dirigimos a los muelles. Ese día decidimos hacer una excursión tempranera a la isla de Gorée y aprovechar para recorrer Dakar el resto del tiempo. No tuvimos la oportunidad de quedarnos una noche en la isla, pero hubiese estado muy bien hacerlo. Tiene mucho encanto y toda su historia alrededor de la trata de esclavos es escalofriante.
 
 

                Hay que coger un ferry. Hay mucha oferta y disponibilidad.

                Al terminar nos dirigimos, andando, desde el puerto a la zona centro. Fuimos al Mercado (impresionante), a la Plaza de Mayo y recorrimos los alrededores y el centro paseando. Hay muchas tiendas con cosas (telas, artesanías…) increíbles. Al atardecer nos fuimos al hotel

 

Día 12) Dakar --- Gran Canaria

                Aprovechamos hasta que salió el avión (noche) para recorrer los alrededores más profundos de Ngor y su playa a pie. Para ir al aeropuerto cogimos un taxi y volvimos a casa.

Fue un viaje en el que todo nos salió bien.

 

E.JOTA

sábado, 1 de mayo de 2010

TAILANDIA: 9 DÍAS/8 NOCHES. ABRIL 2010.



TAILANDIA: 9 DÍAS/8 NOCHES. ABRIL 2010.


Sukhothai – Bangkok


Primeramente, decir que veníamos (un hombre y una mujer) de pasar una semana por Vietnam. En Tailandia estuvimos 9 días. En este viaje decidimos tocar sólo dos zonas: Sukhothai y Bangkok. Dejamos sin visitar las playas, principalmente, para no estar todo el  rato en aeropuertos y con prisas.

Se puede dividir, de manera muy general, a Tailandia en tres:

Zona norte-centro: Más de templos y selva. Pueblos pequeños. Etc.

Bangkok: Ciudad moderna y tradicional. Mucho que ver y hacer.

Zona sur: Playas tranquilas y playas de fiestón (no fuimos)

 

Día 1: Hanói – Bangkok – Sukhothai

                Del norte destacan, sobre todo, 3-4 ciudades: Chiang Mai, Chiang Rai, Sukhothai y Lampang.

                Nos decantamos por Sukhothai. Estuvimos en Old Sukhothai (alojamiento: Pin Pao. Muy bueno, con piscina y abundante desayuno. Habitaciones muy bonitas. A un paseo de las ruinas y varios templos que ver de camino)   y New Sukhothai (alojamiento Guest House TR. Hay bungalós interiores y son bonitos. Buena comida). NOTA: Siempre aire acondicionado, en cualquier parte. Lo mejor de Sukhothai son sus ruinas (zona vieja). Hay que alquilar bicis y salir de temprano. Dan mapas con las bicis. El recinto central es inmenso y si lo queréis ver todo son un par de horas buenas. Además, hay otros recintos que están a un paseo, más alejados, y su visita es muy aconsejable. Es una zona impresionante y, por lo que dicen, la mejor zona arqueológica de Tailandia.

                El aeropuerto de este lugar es muy pintoresco y bonito. Pequeñas guaguas te llevan a la zona vieja o nueva. Hacen el trayecto en función de los alojamientos de los turistas. No vimos taxis.

Llegamos sobre el mediodía, por lo que no contábamos con tiempo, ese día, para visitar las ruinas con tranquilidad, así que salimos a explorar un poco los alrededores, reservamos un masaje en la terraza del hotel (de los mejores), por la noche fuimos a una explanada, donde habían puesto algo parecido a una feria con músicos en directos, y luego nos fuimos a cenar. Las cenas se pueden reservar en los alojamientos. En Old Sukhothai no encontramos mucha oferta de restaurantes y bares.

 

Día 2: Old Sukhothai – New Sukhothai

Este día, desde temprano, desayunamos y nos fuimos dirección a alquilar las bicis, para ver las ruinas, pasando primero por algunos bonitos templos y mercados.

Como ya dijimos la excursión puede llevar unas 5 horas o más si se decide explorar todo el complejo y sus anexos más alejados. Templos, budas gigantes y miles de años de historia. Imprescindible.
 
 

De Old Sukhothai a New Sukhothai hay unos 12 kilómetros. Hay guagüillas, tipo camión, que hacen el camino y salen periódicamente. Las paradas también son anárquicas. Al devolver las bicis cogimos la guagua y paramos en el hotel, donde habíamos dejado el equipaje preparado, para seguir en la misma guagua (el chofer nos esperó) hasta New Sukhothai.

Fuera del mercado de comida nocturno poca cosa hay que hacer allí, quizás una vuelta para ver algún templito.

                La oferta de restaurantes y lugares para tomar algo, fuera de los hoteles,  sin embargo, en New Sukhothai  mejora bastante.

                Si se llega a esta zona temprano se podría condensar todo (ruinas y mercado nocturno) en un solo día e inspeccionar la zona más rápidamente.

Otras ciudades, más al norte, interesantes suelen ser Lampang (de paso) y Chiang Mai (segunda más grande de Thai). Dicen que es muy bonita y tranquila, como una pequeña Bangkok sin escándalo.

Lampang suele ser una parada ente Sukhothai y Chiang Mai. Son 3-4 horas de carretera. En los dos lugares hay aeropuerto, por lo que se puede ir por un lado y volver por otro. Hay guaguas o transportes particulares (estos últimos bajo pacto previo de la minuta). También se pueden alquilar motos. Si hay más tiempo, otra opción es Chiang Rai (más al norte). Popular por sus actividades de trekkinn, entre otras cosas.

 

Día 3: Sukhothai – Bangkok

Toma de contacto (Rickshaws, templos y Siam (compras))

En Bangkok, nos cogieron unas revueltas entre camisas rojas y el gobierno (azul). La cosa se puso calentita y hubo movidas importantes, incluso un toque de queda (sobre 6 horas) donde se sacaron los tanques a la calle, hubo tiros y murieron personas en frente de nuestro hotel. También nos tocó vivir el año nuevo asiático… y eso son 2 días de fiestón, en los que caminar resulta casi imposible por algunas zonas. Y por las noches...vamos, vamos, vamos… buff!!! Fiestón.

Debido al gran número de mercados, centros comerciales y a los competitivos precios de la capital, se recomienda llevar la maleta ligera y llenarla allí.

Alojarse en Khaosan es controvertido. Los más puristas denostan el lugar, pero los mochileros y la gente joven lo adoran. Hay buena vida nocturna y muchas tienditas. Para nosotros fue un lugar inmejorable y bien situado.

En nuestro hotel (Rikka Inn) ofrecían, desde internet, precios interesantes. Merece más la pena hacerlo así. STambién se puede pillar habitación in situ, pero bajo disponibilidad y regateo previo.

Llegamos temprano (sobre mediodía) y pillamos un taxi. hasta el hotel

Dimos un paseo, desde la zona del hotel, en busca de familiarizarnos con el lugar y ubicarnos un poco. Por el camino, en un templo, un monje nos dijo que había rickshaws, con unos colores determinados en las banderas que llevan, para pasear a guiris por un precio cerrado (barato) y nos paró uno. Un par de euros por 4 o 5 horas. Lo que pasa es que, si los para uno mismo, los precios “cambian” y tienes que regatear. En los taxis siempre hay que pedir el taxímetro, si no mejor bajarse. También depende de la zona, por ejemplo, en zonas comerciales y cargados con compras los precios poco más que los ponen los propios taxistas y no admiten regateos razonables. Pero la solución es caminar unas manzanas y parar alguno en la calle. Muchos conductores de rickshaws querrán pararte en tiendas “amigas” para que compres. Trabajan a comisión. Esto vale si se quiere algo muy concreto o selecto, pero si no es un coñazo. Se puede utilizar la técnica de entrar y salir o negarse previamente a visitarlos y pagar algo más.

El rickshaw que pillamos, gracias al monje, lo utilizamos por varias horas para visitar algunos templos y monasterios (Wat Benchamabophit, Wat Intharawihan…), el Viejo Bangkok (Ko Ratnakosin) y terminamos en Wat Saket (Templo de la Montaña Dorada). Allí lo dejamos y fuimos en el taxi fluvial del rio (muy típico, auténtico y barato para moverse) hacia Siam Square (zona comercial). Lo único, para el taxi fluvial, es no liarse. (NOTA: Hay muchas formas de moverse en Bangkok: rickshaw, taxi, barco, guaguas, taxi fluvial, metro, skytrain, moto…). En la zona de Siam Square los centros comerciales parecen normales a primera vista, pero luego, si profundizas, están los alocados pasillos llenos de tiendas, con plantas gremiales (ropa, tecnología…) Es muy curioso. En todos admiten regateos, pero más en los últimos. En Tailandia, si quieres economizar (excepto en la comida), siempre hay que regatear.

Luego masajito y Khaosan Road, modo descanso. Fue una paliza.

En los puestitos y carritos de Khaosan se cena de escándalo (pad thai) y baratísimo, aunque hay muchísima oferta de bares y restaurantes en toda la zona.

 

Día 4: Bangkok (Templos, Phaurat, Barrio Chino, Silom y rascacielos)

Salimos temprano y nos pusimos a caminar, callejeando, hacia el Monumento de La Democracia. Vimos mercadillos de lotería lugareños y varios puntos donde se evidenciaba que las protestas de los “camisas rojas” iban en aumento. Aunque, con los turistas, todos eran muy amables y querían ayudarte todo el tiempo. El monumento en cuestión y sus alrededores estaba literalmente sitiado por los manifestantes, en incontable número. Llegamos, tras recorrer varios lugares en el camino, a Wat Pho. Es donde se encuentra el  buda gigante tumbado, entre otras maravillas. Impresionante. NOTA: En los templos… zapatos fuera.
 
 

Tras reponer algunas fuerzas, el calor era sofocante, fuimos cruzando Phaurat (Little Indian) hasta el Barrio Chino. En ambos se pueden buscar mercados, tiendas, recorrer sus rincones e incluso comer algo, pero lo que más nos llamó la atención fueron las farmacias tradicionales chinas. Luego nos dimos otro paseo para visitar el Gran Palacio y el Wat Phra Kaew. Impresionantes.  Durante los paseos pasamos por todas la zonas aledañas posibles, por lo que vimos algunos otros templos ese día ( Wat Suthat)

Al atardecer, tras una duchita en el hotel, fuimos (en taxi) al Moon Bar at Vértigo. Un bar con vistas espectaculares, situado en la azotea del Bayan Tree Hotel. De ambiente muy selecto, donde por una copa te sacan los ojos. Desde allí, otra vez caminando, a la zona de Silom. Más adelante volvimos al lugar de día y ofrecía otro ambiente, pero de noche, para utilizar un adjetivo suave, nos pareció algo sórdido. No tanto por los bares dirigidos a un ambiente de mayoría de edad (que también), sino porque era difícil pasear sin que, por ejemplo, te ofrecieran pornografía. Luego tenía puestitos dirigidos a los turistas y eso, pero no nos pareció un sitio muy sano para pasar la noche. Los mismos turistas eran más chiflados y gritaban más… Eso sí, recalcamos que de día ofrece una cara más amable y toda la zona tiene un ambiente menos sórdido (más comercial). De camino hasta la propia Silom (más en el extrarradio que alrededores), también por la noche, muchos jóvenes vendían ropa, algunos diseños propios, en tiendas (puestos) a pie de calle (con el vestidores inexistentes). De esa zona volvimos en taxi.

 

Día 5: Chatuchak Market – Enfrentamientos Bélicos

Fin de semana. Chatuchak Market. A comprar y regatear. Mercado infinito y lleno de todo lo que se pueda querer. Si vais a comprar buscad profundamente y comparad. Las calidades varían mucho. No tanto el precio.

Hay que coger taxi (taxímetro) 2 euros. Hay un parque muy agradable, cerca, donde poder descansar. Se puede comer bien en el mercado o comprar y llevar algo al parque para apartarse del bullicio.

De vuelta al hotel, para dejar el botín, el taxista nos dejó tirados. La calle del hotel (Khaosan) se había convertido en el lugar de batalla. Fuimos andando hasta el hotel en dos horas y la batalla empezaba en tres. Por una nos salvamos. Vimos los tanques llegando por la carretera, helicópteros, balas, muertos…. Muy fuerte. Pero a las 23h acabó la lucha. Los camisas rojas se hicieron fuertes (ganaron) y hubo víctimas por ambos bandos, pero allí siguió la vida de una forma impactante (como si no hubiese pasado nada) Después de todo lo sucedido las persianas empezaron a abrirse, los carritos salieron a la calle y la vida continuó. Si alguien hubiese llegado en ese momento igual no se hubiese dado cuenta de lo ocurrido. Nosotros cenamos y nos fuimos a dormir. No había cuerpo, desde hotel se habían oídos balaceras, cañonazos...

 

Día 6: Zona Este – Centro

Este día, desde temprano, fuimos a recorrer un poco la zona que el día anterior habíamos visto a la carrera y llegamos nuevamente al  Mercado de Chatuchak. Desde allí pillamos el metro (algunas paradas del skytrain estaban tomadas por los “camisas rojas”) hasta el parque principal (Lumpini), donde se puede pasear, ver pagodas, gente haciendo ejercicio… Recorrida toda esa zona tomamos dirección al Wat Traimit (Buda de Oro) y, tras recorrer también sus alrededores, fuimos al hotel para relajarnos y disfrutar de la zona. Durante el camino nos encontramos con numerosas barricadas (algunas con militares) que cortaban las calles y que no podíamos sortear, teniendo que buscar rutas alternativas, generalmente más largas. Una vez por el hotel nos dio tiempo a refrescarnos, darnos un masaje, cenar y disfrutar un poco de la noche. Ese día también hubo disturbios y enfrentamientos, pero alejados del hotel. Los días siguientes nos pudimos hacer una idea de lo que pudo haber pasado en esas zonas, ya que vimos muchos tanques y camiones estallados o tiroteados, sin contar con pequeños lugares que se habilitaron para honrar a los caídos, a pie de calle.

 

Día 7: Mercado Flotante – Zona comercial – Fiesta

 Después de comprobar, nuevamente, algunos de los hechos bélicos que habían sucedido en esos días, decidimos planificar la visita del mercado flotante de Damnoen Saduak, para este día. Está en las afueras (más de 100km SE) y dicen que es el más auténtico. Pillamos un tour pactado. Los precios de los taxis eran muy caros y la otra alternativa era un madrugón y la guagua. El tour, a parte del mercado, ofrecía otras atracciones (encantamiento de serpientes, monta de elefantes…), pero, como sólo queríamos una de las turistadas, arreglamos un precio y quedamos en que luego, tras el mercado, nos devolvieran a Bangkok de alguna manera. Intentaron, en varias ocasiones, que pagásemos más (un poco menos que el tour) y viésemos el resto de espectáculos, pero nos negamos, quejamos… y terminaron llevándonos a Bangkok. Entre unas cosas y otras (trayectos, negociaciones y el propio mercado) llegamos a unas horas del atardecer, por lo que dimos una vuelta por los alrededores del hotel y el monumento a la Democracia.
 
 

En la zona del hotel, y otras de conflicto, la gente mezclaba la curiosidad, por las huellas de las batallas, con el ímpetu de la primera noche de fiestón (la previa) del año nuevo.

Esa noche la tomamos relajada. Teníamos algunas zonas que recorrer y compras que realizar, por lo que tampoco queríamos perder el siguiente día durmiendo o con resaca.

 

Día 8: Bangkok (Última vuelta, compras y fiestón)

 Nosotros fuimos hacia Silom y Siam, callejeando, para darle otra vuelta a la zona con algo más de luz y ver si comprábamos algo. Durante el camino paseamos entre tanques rotos y camisas rojas victoriosos (habían conseguido parte de sus peticiones), pero también encontramos un centro comercial (no recordamos el nombre) que tenía unas plantas dedicadas al papeo exclusivamente y allí comimos. Seguimos explorando el lugar, perdiéndonos, pero la fiesta cada vez se hizo más intensa, iba en aumento y terminamos por rendirnos. Te mojaban y ponían un mejunje en la cara (es la tradición en fin de año). Esta vez sí, fuimos para Khaosan a disfrutar toda la tarde-noche del indescriptible ambiente. El buen rollo y jolgorio de ese día contrastaba con el recuerdo de los días anteriores.
 
 


Día 9: Bangkok – Madrid – Gran Canaria

Salimos hacia el norte por los alrededores de la Asamblea Nacional. El puente de la zona también había sido escenario trágico de otro enfrentamiento y aún se notaban, explícitamente, las huellas de otra batalla campal. La zona no ofrece nada espectacular, excepto el encanto autóctono de barrio. Luego comimos en uno de los cientos bares Thai que había por allí, nos dimos una última vuelta por algunas zonas que queríamos repetir y terminamos en Khaosan (con algo de fiesta, aún incipiente). Nos dimos un último masajito, nos relajamos por las zonas aledañas y para el aeropuerto. El avión salía tarde y, como el hotel era barato, pillamos la habitación también esa noche (aunque no fuésemos a dormir) para ordenar y tener ducha antes de coger el avión para volver a casa.

 

E. Jota
 


lunes, 30 de junio de 2008

MARRUECOS: 8 DÍAS/7 NOCHES. JUNIO 2008


MARRUECOS: 8 DÍAS/7 NOCHES. JUNIO 2008
Marrakech, Ourika, Essaouira
DÍA 1: Marrakech

                Hay vuelos directos desde Gran Canaria. A la llegada (mediodía) el calor era sofocante. Cogimos (2 mujeres y 2 hombres) un taxi hasta La Medina (dentro de la muralla) que fue la zona que elegimos para el alojamiento y a nuestro entender la mejor. El Riad Les Oliviers es encantador, está bien situado (al sur de la plaza Yamaa el Fna) y no es demasiado caro. El desayuno (incluido) está bien, aunque sin excesos.

                Ese día lo dedicamos a situarnos en el lugar. Sobrevivir a las motos que circulan tranquilamente por las angostas y sinuosas callejuelas se convierte en una especie de deporte local al que uno se tiene que acostumbrar. El truco es dejar que ellos te esquiven. Ya están acostumbrados y si uno intenta evitarlos, quizás lo que realmente termine consiguiendo sea despistarlos y que te arrollen.

                A medida que uno se va acercando a la plaza la escandalera se va haciendo más presente. Siempre está atestada de gente y con estímulos visuales y acústicos constantes. La gente es muy agradable e intenta buscarse la vida, aunque también son muy insistentes. Realizamos el cambio de divisas en la oficina de correos (era más rentable) Comimos algo rápido por las calles aledañas a la oficina. Esta zona también es animada (aunque no tan típica) y los precios (aunque regateables) son, de entrada, más razonables que como empiezan en el zoco, donde pueden resultar más pesadas las compras.

 
                Todo el día estuvimos entrando y saliendo del zoco, acercándonos a la Koutobia o a la plaza y zonas aledañas de la oficina de correos. Cenamos en los puestos que montan en la propia plaza. Nos dijeron que el 15 era de los mejores y no estuvo mal. Eso sí, si te gusta cenar en lugares relajados los puestos no es la opción adecuada. Bajo nuestro punto de vista es imprescindible.

                NOTA: El único lugar donde sirven algo de alcohol (cerveza) dentro de la muralla es el Grand Hotel Tazi. Fuera de La Medina se consigue sin problema.

DÍA 2: Marrakech

                Habiendo conseguido maestría en el arte de esquivar motos, aprovechamos este día para seguir nuestra visita por la ciudad. Nos dirigimos nuevamente a La Koutobia para pasear más detenidamente por sus jardines aledaños. Desde el Riad, el paseo, teniendo que atravesar partes del zoco y la plaza, siempre será entretenido. También cogimos una calesa, que, aunque turistada, con el calor que estaba dando se hizo agradable y casi necesario. Te da oportunidad de ver los alrededores de la muralla y zonas algo alejadas de la medina como El Jardín de La Menara. Esa zona, sin contar con las grandes cadenas hoteleras, está creciendo urbanísticamente por lo que pudimos observar. Puedes pactar con el conductor lo que quieres ver o el tiempo que lo deseas contratar (es más caro que contratar un taxi)

 
                Tras el paseo en calesa y otro a pie por el barrio judío, comimos por los alrededores de la plaza. En realidad es que casi siempre comíamos o cenábamos ahí. Ya comentado el tema de los puestos, en lo referente a los restaurantes no vimos diferencias abismales en cuanto a calidades en la comida (fuera de que te gustase la pastela o el cuscús de uno u otro lugar) Lo mejor era garantizarse una buena vista de la plaza para relajarse sin perderla demasiado de vista. Hay algún restaurante con más estilo europeo (pizzas, ensaladas…) e incluso un Mc Donalds saliendo de la muralla por la Koutobia a la derecha. También zonas comerciales.

                Luego continuamos profundizando un poco más en el zoco. Tocamos los gremios de las telas, cuero y alguna farmacia tradicional. Una cosa: Jamás, pero jamás, se va a ver el zoco entero. Es inmenso (lleno de recovecos, azoteas…) y si se empatiza con el lugareño, mientras se compra, interminable.

                Para desembotarnos un poco pillamos un taxi a Gueliz para curiosear fuera de la muralla. Nos llevó al centro. Gueliz es menos tradicional que La Medina en todos los aspectos. Observamos que las chicas eran algo observadas, si parábamos a tomar una cerveza, pero no tuvimos ningún problema. Luego caminando hasta la muralla para cenar (esa noche lo hicimos fuera de la muralla), echar una cerveza e irnos a dormir.

                Muy de noche, aunque sin peligro aparente, las calles son algo más duras que por los días.

DÍA 3: Marrakech - Ourika - Marrakech

                El día anterior hicimos un sondeo entre taxistas para comparar precios y ver si salía rentable hacer una excursión al Valle de Ourika por nuestra cuenta. Y sí… muchísimo más. El taxista nos ofreció alguna parada (el trayecto sin paradas se realiza en menos de una hora) Aceptamos parar (amén de en miradores concretos) en una coqueta tienda apartada, entre olivos y árboles de argán, a los pies del atlas, con productos artesanales muy interesantes y a buen precio. También paramos en una comunidad de mujeres que trabajaban el argán (Cooperative Tiguemine Argan). Muy interesante también.

                Para la visita a Ourika, si no se es muy avezado para el montañismo, hace falta guía. Abundan. Según salimos del taxi vinieron varios. La cosa fue elegir uno que chapurreara español para poder entendernos mejor, sin muchas mezclas lingüísticas. El paseo hasta la cascada se puede hacer sin demasiadas dificultades, aunque tampoco es un juego de niños, pero si se quiere ir más adentro hay algunas zonas en las que las cabras más experimentadas pasarían apuros. No es todo el rato, pero reconocemos que al no ir correctamente preparados para el montañismo la experiencia tuvo algunos momentos riesgosos. La gente local, no obstante, se movían cómodamente por la zona sin ninguna preparación y en ocasiones cargados como mulas.

                También pudimos visitar algunos poblados bereberes y comimos algo tarde, pero vivos, a la orilla del arroyo en un restaurante muy chulo.

                De vuelta a La Medina (otra hora), tras descansar y arreglarnos, fuimos a pasear un poco y a cenar. Luego tertulia en el Tazi y a la cama.

DÍA 4: Marrakech - Essaouira

                Este día fue otra excursión. Esta vez a Essaouira (3 horas de taxi) La estrategia fue la misma que e l día anterior y pactamos la ida y la vuelta con un taxista (pasando noche allí) A consecuencia de la pechada, esta vez no hubo paradas. Sólo paramos en el mirador anterior de la propia ciudad.

                Intentamos buscar alojamiento en algún hotel, pero los precios eran desorbitados, así que, aconsejados por el taxista, nos acercamos a una de las personas que estaban en las rotondas con una llave en la mano para, supuestamente, ofertar alojamiento. Todo un acierto (suerte incluida). Era un chalet, cerca de la playa, de dos habitaciones, salón, 2 baños y jardín. Toda una ganga. La cena de esa noche, sin ser cara, lo fue más que el alojamiento y nos la hizo la mujer del casero, que vivía en una casa al lado (de servicio)

                Essaouira tiene una preciosa playa, aunque ventosa, un zoco más tranquilo, pero no menos encantador, y un muelle con fortaleza incluida (Castillo Real de Mogador) muy recomendable para comer, cenar, sacar fotos o simplemente pasear. La zona del muelle donde llega y limpian el pescado se plaga de gaviotas y gatos. El sitio es muy fotografiable, pero hay que tomar riesgos con tanta gaviota revoloteando por ahí.

 
                Hay un bar local al terminar la playa, cerca de La Medina (sin entrar) con una terraza que da literalmente al mar, donde sirven cerveza. Nos encantó.

                Essaouira es muchísimo, pero muchísimo, más tranquila que Marrakech, pero hay que tener el mismo cuidado con las bicis y motos por las callejuelas en las dos.

                El pescado de la zona es excelente y hay varias terrazas interesantes por el muelle. Comimos en el restaurante Aftass (bueno y no caro). Al atardecer volvimos a la avenida de la playa a descansar, tomando un refrigerio, viendo cómo se escondía el sol, y cenamos a la hora acordada con la casera, que nos alcanzó al alojamiento las viandas. Sobró muchísimo. La mujer se volvió loca cocinando.

DÍA 5: Essaouira - Marrakech

                Acordamos con el taxista que nos recogiese a las 18h y con el alojamiento, abandonarlo, a esa hora también. Todo si problema. Luego fuimos a desayunar (dentro del zoco) y no dejar un rincón de Essaouira por recorrer antes de irnos.

                De vuelta a Marrakech para cenar y descansar por los alrededores de siempre (ya teníamos lugares favoritos como el Tazi)

DÍA 6: Marrkech

                Visita al Palacio de La Bahía (imprescindible) para acabar tomando un heladito en el Café Argana, con unas maravillosas vistas de la plaza.  Ese día agradecimos visitar el hamman (Isis Spa) donde fuimos exfoliados y masajeados durante un buen rato. El Lugar era muy agradable.

                El resto del día volvimos a visitar el zoco con un ojo más consumista (una vez comparado precios y calidades)

 
                Para cenar hay otros puestos, aún más locales, en la plaza… allí cenamos algo ligero.

DÍA 7: Marrakech

                Último día en Marrakech. Continuamos desguazando el lugar. Visitamos el museo de Marrakeh, la Kubba Almorávide y la Madrasa Ben Youssef (imprescindible) También salimos fuera de la muralla. Ojo: Muchos lugares cierran durante el rezo.

                Cenamos en uno de los restaurantes aledaños a la plaza, con preciosas vistas, y tomamos las últimas cervezas en el Tazi.

DÍA 8: Marrakech

                Últimos paseos por los alrededores y rumbo al aeropuerto. El avión salía al mediodía.

sábado, 1 de diciembre de 2007

CRIADERO DE COCODRILOS EN LA PENÍNSULA DE ZAPATA


En una de las excursiones que hicimos desde La Habana visitamos un criadero de cocodrilos en la Península de Zapata. Nos contaron que todas las semanas se escapaba alguno. Curiosamente en los paladares de la zona te servían carne de cocodrilo...



LA HABANA VIEJA Y EL MALECÓN


Les mostramos un aperitivo de las maravillas que podemos encontrar en la Habana Vieja y El Malecón.



ESCUELA DE BOXEO EN LA HABANA


Paseando por la bella Habana puedes encontrar lugares tan auténticos como esta escuela de boxeo. En ella tuvimos la suerte de poder entrar y charlar un poco con su amable dueña.




CUBA: 12 DÍAS/11 NOCHES. NOVIEMBRE 2007.


CUBA: 12 DÍAS/11 NOCHES. NOVIEMBRE 2007.

La Habana, Soroa, Viñales, Península de Zapata, Matanzas, Varadero, Santa Clara, Trinidad.

                Este fue el primer viaje que hicimos, por nuestra cuenta y riesgo, fuera de continente europeo, por lo que estuvo lleno de entusiasmo y ganas, pero algo falto de organización.

                Antes que nada, decir que Cuba consta de 2 tipos de monedas: el peso cubano, que es el que utiliza su población, y el peso convertible o CUC, que es la moneda que utilizamos los extranjeros dentro del territorio. El CUC tenía un cambio casi de cuatro por uno. (4 CUC =  1 Euro aprox.)

 

Día 1: Gran Canaria – Madrid – La Habana (El Malecón)

Llegamos (2 hombres y una mujer) al aeropuerto de La Habana en torno a las 20 h. Ya era de noche. Pasamos el control de aduanas sin problemas, pero algo extrañados de que no nos hubieran estampado un sello en nuestro pasaporte. Después nos informaron que era lo normal. Lo hacían así para que turistas americanos (tienen prohibida la entrada a Cuba a causa del bloqueo de EEUU) pudiesen entrar en el país, mediante terceros países, y que no quedase rastro de ello en el pasaporte. El visado era medio trozo de cartón con un sello que no se podía perder. También exigían una reserva de alojamiento, aunque fuese para la primera noche, para poder entrar.

En la recogida de maletas nuestro equipaje había sido apartado. Estaba, junto con otros equipajes, en el suelo y unos perros lo olisqueaban bajo la atenta mirada de unos policías aeroportuarios. Cuando nos permitieron recoger nuestros bultos uno de los policías se nos acercó para interrogarnos sobre nuestros hábitos con los estupefacientes. Insistió en el tema de la marihuana. (NOTA: Evidentemente desaconsejamos todo transporte o consumo de drogas en los viajes. Sin querer inmiscuirnos en la vida privada de nadie es bueno recordar  que las leyes sobre el consumo y transporte de drogas dependen de cada país en concreto, por lo que unas deseadas vacaciones podrían convertirse en toda una pesadilla si no tenemos cuidado en este punto). Lógicamente, negamos cualquier conocimiento sobre asuntos de drogas y, aunque insistieron y preguntaron hasta ponerse un poco pesados, al final desistieron y nos dejaron continuar nuestro camino.

Cogimos un taxi hasta el Hotel Deauville. Es un hotel modesto, con mucha historia y poco adorno, colocado estratégicamente en la zona. Relación calidad-precio-ubicación buena. Además, algunas de sus habitaciones ofrecen maravillosas vistas a El Malecón o El Capitolio. Otras son interiores. Se cuenta que se construyó con dinero procedente de la mafia neoyorquina y que el propio Frank Sinatra lo solía frecuentar. Aquí reservamos 6 noches de entrada. Utilizamos el hotel como campamento base para algunas “excursiones breves” y al cuarto día alquilamos un coche. Hubiese sido mejor idea haber reservado 3 o 4 noches y después haber cogido carretera, pero ya dijimos que la organización no fue muy buena.

La Habana es una ciudad vetusta, parada en el tiempo. Sus fortalezas, palacios, iglesias y edificios de corte colonial a medio rehabilitar o excesivamente maquillados, y su animada vida nocturna (con especial mención a El Malecón) son su principal encanto. Debido a eso se puede aprovechar el día, bajo el implacable sol, altos niveles de humedad y cierto olor a gasoil, para visitar todos los lugares emblemáticos que aparecen en las guías, perderse y disfrutar de un ritmo de vida pausado. Por la noche se debe salir a “gozar”. Hay muchos lugares donde bailar, tomar algo o pasear. El tramo de malecón entre El Vedado y Prado  se llena de gente para despedir el día entre música, tabaco y ron.

 Los barrios de más interés son La Habana Vieja y El Vedado, pero un paseo por Centro Habana y Miramar no son, para nada, desaconsejables.

Como llegamos tarde cenamos y fuimos a dar una vuelta por El Malecón. Luego nos fuimos a la cama.

 

Día 2: La Habana (Habana Vieja y alrededores)

                Ese día nos levantamos temprano inconscientemente (¿Los nervios?, ¿las ganas?... El Jet-Lag) y se lo dedicamos íntegramente a La Habana Vieja y sus alrededores

Tras un modesto desayuno, incluido en el precio del hotel, nos pusimos en marcha. Aprovechamos para pasear por un Malecón casi desierto durante un buen rato. Mientras, algunos jóvenes, que también habían madrugado, se lanzaban  desde los pilones rompeolas al cristalino mar entre risas y animadas charlas.

Callejear, pasear y perderse, si se cuenta con tiempo, es la mejor forma (bajo nuestro punto de vista) de conocer La Habana Vieja y sus rincones, ya que amén de los lugares de obligada peregrinación, pasear por sus animadas y bulliciosas calles, mezclarte con los cubanos, comer en los paladares o visitar una escuela de boxeo… es una experiencia gratuita (o de obligado gasto) que no tiene precio.
 
 

Desde El Malecón (zona Hotel Deauville) la mayoría de lugares emblemáticos de La Habana Vieja están a tiro de piedra. El Catillo de San Salvador de La Punta, Prado, El Capitolio, sus bellísimas y reconocidas plazas (De Armas, Vieja, De La Catedral…), edificios, míticos bares (La Floridita, La Bodeguita del Medio…), iglesias (Merced) y numerosos museos y centros culturales… son lugares que se pueden ver simplemente paseando. Yendo de uno a otro. Es imposible enumerar todos los lugares, sin que no nos olvide ninguno (Parque Central, Hotel Ambos Mundos, La Avenida del Puerto…) por lo que recomendamos que al menos se cuente con un día entero para La Habana Vieja. Merece mucho la pena. Para ver el cañonazo de La Fortaleza de San Carlos es aconsejable coger un taxi.

A título anecdótico podemos contar que, por la zona del Castillo de San Salvador, se nos acercaron algunos jóvenes para ofrecer sus servicios de guías. Era su “negocio”. Nosotros ya teníamos claro que no nos interesaba ir con alguien desconocido (en modo guía) de un lado para otro, preferíamos marcar el ritmo. Aunque, finalmente, uno de ellos nos propuso conocer algunos lugares más pintorescos y menos turísticos (una escuela de boxeo, una barbería, algunos bares…) y le hicimos una oferta. Conocer  algunos sitios y que nos hiciese ver, desde el primer momento, la hospitalidad cubana es algo que le tenemos que agradecer a José (que era como se llamaba el muchacho). Sin embargo, era algo incómodo, se mostraba todo el rato en modo clandestino (caminaba por delante de nosotros, se iba, volvía…). Fue muy raro. Así que para evitarle y evitarnos complicaciones, tras un par de horas, no seguimos con él. Fue difícil hacérselo entender. Insistía (de buen rollo) en acompañarnos gratis de fiesta, e incluso fue a buscarnos por la noche al hotel. Finalmente le dijimos, nuevamente, que no nos interesaban sus ofrecimientos y no insistió más.

                La Habana Vieja, como ya hemos dicho, se puede disfrutar desde la mañana hasta la noche, por lo que tras aprovechar el día para recorrer la mayoría de sus rincones, por la noche caímos en la tentación y bajamos a dar una vuelta. No podemos olvidar que por la noche El Malecón se convierte en un punto de encuentro para un gran número de cubanos y resulta complicado resistirse a sus encantos (se conoce gente, se canta, se bebe…) Su agradable brisa, el intenso olor a gasolina y ese bullicio espontaneo de gente, convierten al lugar (no nos cansaremos de repetir) en un punto de visita obligada durante la noche. Esa noche, por ejemplo, nos acercamos a alguna discoteca rumbo a El Vedado, pero finalmente no nos animamos y volvimos a El Malecón.

                Comer o tomarse algo en La Habana Vieja no resulta nada complicado. En las zonas más turísticas, como es lógico, la oferta se multiplica (al igual que los precios), pero  lo que nosotros aconsejamos, sobre todo a la hora de comer, es preguntar por los paladares. Algunos no tienen publicidad y, al estar dentro de edificios, pueden pasar desapercibidos, pero es donde mejor, en general, comimos. En los alrededores de El Malecón también se puede encontrar oferta interesante para comer o beber.

 

Día 3: Desde La Habana a Miramar (Habana Centro – Vedado – Miramar)

Utilizamos todo este día para improvisar un recorrido, y darnos un paseo (caminando), hasta Miramar (pasando por El Vedado y La Habana Centro). Así que con la única ayuda del mapa de la guía y preguntando nos pusimos en camino desde temprano.

La Habana Centro no tiene tanto encanto como La Habana Vieja y la encontramos bastante más descuidada que esta.  Sin embargo se pueden encontrar lugares (mercados, bares…) muchos más auténticos o pasear sin masificaciones turísticas. Es en esta zona donde se localiza el curioso barrio chino, por ejemplo.

                En El Vedado recorrimos La Rampa y zonas aledañas. Luego, seguimos caminado hasta La Universidad, donde conocimos a algunos estudiantes. Uno de ellos nos dio una vuelta por algunos de los edificios (Historia, Informática…) y nos explicó el papel que la universidad había jugado durante la Revolución. Fue muy entretenido y, también, aprovechamos para descansar un poco a la sombra. Tras esta mini-excursión improvisada pusimos rumbo a la Plaza de La Revolución (que es otro paseíto). La plaza es imponente, monolítica. En ella destacan su obelisco, la bandera cubana y, como no, el monumento a José Martí, que también presta su nombre a la plaza. Toda ella (menos la bandera) realizada en mármol y rodeada de edificios oficiales. Desde uno de sus laterales se puede ver el Ministerio de Hacienda, donde está representada la archiconocida imagen del rostro del Ché Guevara. La plaza nos ofreció, también, algo de sombra y reposo, y más teniendo en cuenta que desde allí íbamos dirección al Cementerio de Colón.
 
 

                La hora de salida para esta excursión es importante. A  parte de las paradas que se quieran hacer, lo que duren éstas y lo que uno se quiera relacionar y ver, el paseo hasta el cementerio, desde el Hotel Deauville, lleva de por sí varias horas. En frente del cementerio hay algunos bares donde comer o tomar algo.

 Para llegar a Miramar cruzamos el Puente de Hierro. Esta zona es más fácil de recorrer. Las calles son amplias y la mayoría de las casas están bien cuidadas. Es un barrio con muchas embajadas, mansiones y, bajo nuestro punto de vista, el de menos encanto de todos. Allí comimos (fue más bien una merienda tardía) en el restaurante El Quijote, dimos una vuelta y por la zona de “La Quinta Avenida” cogimos un transporte hacia el “Monte de las Banderas”. Una plaza en memoria de los fallecidos durante La Revolución y por los años de lucha. Se podían contemplar más de 100 banderas negras ondeando, aunque, unos militares no nos dejaron que nos acercásemos mucho. Por lo que pudimos averiguar el edificio de enfrente era de intereses americanos (o la antigua embajada) y que la ubicación de las banderas se podía interpretar como un símbolo de malestar hacia los EEUU, que a nosotros, de ser así, nos pareció bastante evidente. De allí volvimos andando hasta el Hotel.

Los taxis, según la zona, no siempre son fáciles de encontrar, pero preguntando a la gente por ellos terminas encontrando a alguien que te lleva a donde quieras, tras pactar un precio. Aunque este sistema siempre es más arriesgado nosotros no tuvimos problemas. Todo lo contrario. Los cubanos siempre tienen algo interesante o divertido que contar (los taxistas también).

Muchos turistas prefieren quedarse en grandes cadenas hoteleras o casas particulares por las zonas de El Vedado y Miramar (cuestión de gustos).

                Esa noche llegaron unos amigos (1 chico y 3 chicas), con los que íbamos a coincidir dos días en La Habana. Tras cenar con ellos fuimos a mezclarnos con la gente, por los aledaños de El Malecón, antes de visitar un par de bares de la zona, la discoteca del hotel e irnos a dormir.

 

Día 4: La Habana (Con amigos)

                Este día lo pasamos con nuestros amigos recorriendo La Habana con más calma. Era domingo y montaban el mercadillo, así que nos dimos una vuelta por la zona (la mayoría de puestos estaban dirigidos al turista, aunque el sitio tenía su encanto). Comimos en un restaurante enfrente del Capitolio. Vimos, otra vez, museos, iglesias, plazas, fortalezas, castillos, caminamos, y aprovechamos para irnos despidiendo de La Habana.

                Uno de nuestros amigos tenía un amigo en La Habana (Popo) y nos acompañó ese día y, más adelante, en las excursiones de ida y vuelta. Por la noche nos llevó a algunas discotecas y bares por la zona de El Vedado (Preferimos El Malecón y sus aledaños). Un día su abuela, que vivía en Miramar, también nos invitó a cenar. Un encanto de señora.

 

Día 5: La Habana – Soroa – Viñales – La Habana

                Nada más llegar al hotel (el primer día) hicimos los trámites para alquilar el coche. Fuimos a la oficina del lobby del hotel y el hombre del rent a car nos dijo que con el número de la habitación nos pasásemos el día convenido para formalizar los papeles, pero que estaba todo reservado. Así que ok… Al llegar el día nadie se acordaba de nada. Tuvimos que ir corriendo en busca de un coche. Finalmente, en un hotel de Prado, encontramos una oficina que no estaba abierta, pero el portero del hotel conocía al trabajador que la podía abrir… Gracias al portero pudimos salir temprano y nuestros amigos alquilar un coche con chofer.

                El camino hasta Soroa es fácil y no es muy largo (hora y media aprox.), aunque sin demasiada indicación (esto pasa en toda Cuba,) Durante el trayecto hay algunas estaciones de servicio.

Realmente esta excursión resultó muy sencilla. Nuestro guía en la carretera fue el chofer de nuestros amigos, que conocía la zona, y también nos descubrió un paladar encantador e íntimo escondido entre la vegetación.

                De Soroa lo más destacado, a parte de su exuberante vegetación, es su cascada. Es aconsejable parar a estirar las piernas, pasear por los alrededores y, como no, bañarse en la cascada. El agua es muy, muy fría.

                A Viñales son otras dos horitas y pico de carretera, Las vistas son fabulosas. La zona es conocida por sus plantaciones de tabaco y sus típicas casas campesinas de colores. Creemos que hubiese sido fabuloso haber pasado una noche en la zona, pero faltó planificación. No obstante pudimos disfrutar brevemente del pueblito y hasta nos dio tiempo de conocer el mural de la prehistoria. Personalmente pensamos que la zona en sí misma es encantadora, indistintamente de los murales. Aunque, haciendo honor a la verdad, tampoco los pudimos apreciar en su esplendor, ya que cuando llegamos estaba oscureciendo.

                Conducir de noche se torna algo más peligroso, sin tampoco serlo demasiado, debido a la falta de iluminación en todas las carreteras, incluida la autopista. Esto obliga, por otra parte, a que TODOS los coches lleven las luces largas (por delante y por detrás) e incomode algo la conducción y las visibilidades.

                Esta excursión la acabamos en La Habana. La vuelta fueron más de tres horas y se hicieron muy largas. Cenamos y nos fuimos a dormir.

 

Día 6: La Habana – Península de Zapata – La Habana

                Esta fue la última noche de las que habíamos reservado previamente en La Habana, por lo que nos decidimos a hacer otra excursión de ida y vuelta. Esta vez nos decidimos por la Península de Zapata. Son unas tres horas de carretera, por lo que hubiese sido aconsejable pasar la noche en la zona o dirigirse a algún otro lugar. Nosotros no lo hicimos así y volvimos a La Habana, desandando un camino precioso.

                En la península hay muchas cosas que ver y hacer. En el plano histórico, por ejemplo, fue donde se produjo el famoso desembarco, orquestado por los americanos, finalmente repelido por las tropas castristas en Playa Girón (Bahía de Cochinos). Esta playa se ha convertido en un punto turístico o de conmemoración y realmente, fuera de eso, tampoco es muy atractiva. Tiene, por ejemplo, un muro de cemento, de varios metros, que hacen que el paisaje decaiga un poco. No obstante, la península no es sólo Playa Girón. Sin ánimo de quitarle importancia, en el lugar hay otras playas, calas… más bonitas donde poder parar y echarte un chapuzón para refrescarte. Nosotros pasamos todo el día en la zona (la carretera habías sido dura) y, a parte de Playa Girón y alrededores, también visitamos Playa Larga, su bonita Ciénaga y el criadero de cocodrilos. Una curiosidad es que en el criadero los cocodrilos tienen una supervivencia bastante pobre. Los cientos de crías que se observaban en las primeras jaulas se convertían en unos cuantos cocodrilos adultos. Preguntamos cuál era la causa y la contestación fue que muchos morían. Suponemos que, tratándose de un criadero, lo lógico hubiese sido que algunos se soltasen a la naturaleza nuevamente. Por los alrededores de la ciénaga, como es lógico, no es aconsejable bañarse.
 
 

                Por las diferentes zonas de la península hay lugares donde comer o tomar algo, pero lo mejor, en nuestra opinión, es buscar un paladar fuera de las zonas turísticas. Por la zona es fácil preguntar y que el paladar sea una casa privada. Es muy auténtico. Muchas personas te ofrecen comer carne, supuestamente, de cocodrilo. ¿Quién sabe?.

                Esa noche fuimos en taxi (ya de vuelta en La Habana) a ver el Cañonazo de San Carlos. Un paseo por El Malecón y a dormir.

 

Día 7: La Habana – Matanzas – Varadero

                Dentro de nuestros planes también estaba la idea de recorrer algunas otras zonas de Cuba por carretera, pero sin volver a La Habana. Para esto no teníamos reservas previas realizadas, por lo que nos lanzamos a la aventura. Si, como hemos comentado, las dos excursiones previas, con vuelta a La Habana, las hubiésemos hecho sin la vuelta, seguramente nos hubiera dado tiempo para ver muchísimas más cosas y lugares, o tal vez los mismos con más calma. No obstante, a lo hecho pecho. Además, esto puede servir para que otros viajeros lo tengan en cuenta y no les ocurra lo mismo.

                Lo de madrugar va intrínseco en nosotros. Creemos que es interesante aprovechar el sol al máximo para poder disfrutar mejor el viaje. Ya habrá tiempo de dormir.

                Nuestra primera parada fue Matanzas. Tras dejar atrás varios pueblos, cruzar y pararnos en varios puentes (a sacar fotos) y aproximadamente 2 horas de carretera, llegamos a Matanzas. Realmente el casco histórico es muy bonito y fácil de recorrer. Es el lugar ideal para estirar las piernas, tomar algo y conocer un poco los alrededores. Nos recomendaron pasarnos por un cenote (no recordamos el nombre) para refrescarnos de camino a Varadero. Era una gruta bonita, en un entorno bonito, pero tampoco era demasiado espectacular.

                En Varadero habíamos quedado con nuestros amigos de Canarias. A parte de eso también nos interesaban sus famosas playas de arena blanca, agua templada y sol abrasador. Soñábamos con tirarnos debajo de un cocotero, con un mojito y dejar que pasase el tiempo en una playa paradisiaca. Y así fue, deseo concedido. Cogimos una habitación en el mismo hotel que nuestros amigos. Era gama media, casi en primera línea (algo esquinado) y de buen precio. Tampoco recordamos el nombre, pero tranquilos, el alojamiento no va a ser un problema. Los hay de casi todos los precios. El régimen suele ser todo incluido en la mayoría, por lo que lo mejor es buscar precio-ubicación. Fuera de la playa hay poco que hacer. Si acaso visitar algún mercado turístico de artesanía y poco más.

                Por la noche, sin saber muy bien por qué, fuimos con nuestros amigos al Tropicana. Realmente, era eso o moverte de hotel en hotel o a discotecas muy turísticas. También existían unas especies de asociaciones (al estilo de La Habana), algo más auténticas, donde poder tomar algo, pero sin demasiado encanto. El hecho fue que fuimos al Tropicana de Varadero. Haciendo honor a la verdad no es nada caro. Te buscan y te devuelven al hotel, te dan una botella de ron (por pareja) y un purito cubano. Si te acabas eso antes de terminar el espectáculo seguro que la noche se alargará. Lo del espectáculo es harina de otro costal, cuestión de gustos. Particularmente nos pareció un cabaret mondo y lirondo. El caso es que no nos gustan los cabaret (de ninguna parte)

                Al día siguiente bajamos desde temprano a la playa. El calor se notaba y el mar estaba templado (no caliente). Allí estuvimos unas horas mientras esperábamos a nuestro compañero, que había decidido alargar un poco más la noche.

 

Día 8: Varadero – Santa Clara – Trinidad

                De Varadero a Santa Clara son  más de tres horas de carretera. Esta vez no salimos tan temprano como otras veces. Nos fuimos en torno a las 10 h.

                Santa Clara es un punto de peregrinación obligado para los entusiastas del Ché. La Plaza de la Revolución (con el mausoleo del Ché) y el tren blindado, son los lugares más visitados por ellos. La Plaza, presidida por la estatua del Ché, es bastante impactante.

                Habíamos leído que Santa Clara era más moderna y más industrial que las otras ciudades aledañas, que había perdido su ambiente colonial, y que fuera de los lugares antes aludidos (la plaza y el tren) poco más había que hacer. Es cierto que el ambiente era algo menos turístico, la gente iba más a su aire y que no había tantas construcciones pomposas como en La Habana, pero no sabemos si es debido a que llegábamos de Varadero (y que, de forma general, cualquier casa tiene más encanto que un hotel), pero a nosotros nos gustó mucho. El corazón de la ciudad se encuentra en el Parque Vidal. Es aconsejable tomarlo como punto de referencia para conocer la zona. Por la zona de Bulevar se puede comer y beber algo. Nosotros entramos en una hamburguesería a comer y nos cobraron en pesos cubanos. Fue una anécdota larga y confusa, pero lo importante es que, realmente, no había precios en CUC y nos salió muy barato.

                Salimos hacia Trinidad al atardecer y se nos hizo de noche en la carretera. A oscuras, en una de las peores carreteras de Cuba, sin indicaciones… y encima nos cayó una hora de lluvia tropical durante el trayecto. Un espectáculo. Cuando estábamos a punto de perdernos, en mitad del diluvio universal, aparecía alguien que nos reconducía o indicaba la bifurcación adecuada. Calculamos, con todos esos problemas, sobre dos horas y media de trayecto.

                No teníamos decidido si quedarnos en la zona del pueblo o en la zona de playas, pero, finalmente, ante los tutes de carretera, sabiendo que era de noche y que al pasar por el pueblo con el coche (estábamos cansados) nos apabullaron un montón de jóvenes ofreciéndonos alojamiento particular, decidimos optar por la zona de playas. Elegimos el hotel Ancón, por ser el primero que vimos y tenía disponibilidad. Era en régimen de todo incluido y aunque las habitaciones no eran modernas, eran grandes. Las zonas comunes estaban bien y la playa maravillosa. También ofrecían actividades en el mar, como catamarán y snorkel, incluidas en el precio y la comida, comparada con la de los otros hoteles que visitamos, era la mejor.

                Esa noche cenamos, nos refrescamos y lo tomamos en modo relax por las instalaciones del hotel y la playa (situada a sus pies) El Hotel Ancón fue devastado por el Huracán Dennis, que azotó esta bonita costa cubana en 2005. Había sido reformado y reabierto hacía relativamente poco.

 

Día 10: Trinidad

                Del pueblo a las playas (o viceversa) no hay más de 10-15 minutos. Como ya hemos dicho, si hubiésemos cogido la carretera, sin vueltas a La Habana, desde la primera excursión, seguro que se podría haber sacado algún día y haber planteado una escapada a Los Cayos (relativamente cercanos) El caso es que no cuadró.

                Las playas de Trinidad son una gozada y, aunque se ven turistas, no tiene nada que ver con Varadero. A nosotros nos gustó mucho más.

                El pueblo quita el hipo. Es precioso. Las calles está empedradas, vuelven las callejuelas por donde es un placer perderse, los palacios, museos y los edificios coloniales (muy cuidados). Su Plaza Mayor es impresionante y puede servir para orientarse. De nuevo el bullicio autóctono se apodera de las calles. Se escuchan risas, música, la gente se te acerca… Se dice que es la ciudad más bonita de toda Cuba y nosotros también lo pensamos.
 
 

                La oferta de bares, restaurantes y paladeres no es poca. Como siempre, para los paladares lo mejor es preguntar.

                Dividiendo nuestro tiempo entre la playa y el pueblo pasamos todo el día pausadamente.

 

Día 11: Trinidad – La Habana:

                Calculad por lo menos cuatro horas y media de camino. Es aconsejable una parada en Cienfuegos. Nosotros la planeamos, pero, al final, sólo estiramos las piernas. Una pena.

                En el hotel (de Trinidad), de súper buen rollo, nos dejaron hacer un check-out tardío, sin coste adicional, y nos dejamos ir en la playa un buen rato. Salimos sobre las tres. Paramos (no llegó a una hora) en Cienfuegos, se nos hizo de noche en la carretera y llegamos a La Habana. Habíamos hecho una reserva en el Deauville, de una habitación triple para este día (con ckeck-out tardío), ya que el avión de vuelta salía por la tarde-noche. Nos duchamos, cenamos por los alrededores, cruzamos al malecón y nos fuimos a dormir.

 

Día 12: La Habana – Madrid – Gran Canaria:

                Aparte de recorrer los lugares que más no habían gustado o tomar un helado en el Coppelita, como anécdota, podemos contar que gracias al portero del hotel, un viejito con mucha vida, nos comimos un par de langostas en un paladar cercano que nos quitaron el sentido. El precio fue muy, muy razonable.

                En el vuelo de vuelta salía de tarde-noche.

 

E.Jota