viernes, 1 de julio de 2016

POLONIA 9 DÍAS/8 NOCHES. JUNIO 2016



Cracovia y Varsovia.


En nuestra visita a Polonia nos decantamos por explorar Varsovia y Cracovia. El vuelo lo cogimos directo desde las Palmas de Gran Canaria a Varsovia con una low cost (5 horas). Fuimos 4 adultos (2 mujeres - 2 hombres) y una niña de cinco años. Llegamos a Varsovia de noche y teníamos el transporte reservado hasta nuestro alojamiento. Estaba situado (apartamento) en la calle Piwna, al lado del Mercado de la Ciudad Vieja (Rynek Starego Miasta), donde se encuentra el monumento a la sirenita de Varsovia (símbolo de la ciudad). El apartamento se llamaba AAA Stay Warsaw Apartments. Estaba muy bien ubicado y era acogedor. Quizás, por ponerle un pero, algo vetusto.

Como consejo importante: debemos decir que antes de las doce de la noche cierran las cocinas de todos los restaurantes en la zona, con lo que para cenar estuvimos callejeando hasta que encontramos un Subway abierto. Cenamos, dimos un paseo por el Mercado de la Plaza Vieja (nuevamente), el Krakowskie Przedmieście  (Camino Real), para bajar un poco la cena, y luego a dormir. Estábamos derrotados.

2º día: Varsovia

La primera parada fue en la plaza de la sirenita. Fuimos al punto de información turística a coger algunos mapas y preguntar algunas dudas que teníamos. Desde allí nos dirigimos a coger el tranvía para visitar el mercado de antigüedades de Kole. El tranvía se coge justo debajo de la Columna del Rey Segismundo III Vasa (hay varios números). El mercado no es gran cosa, pero si te gustan las antigüedades hay que visitarlo.

Volvimos a coger el tranvía y regresamos a la Columna de Segismundo (Camino Real) y alrededores para refrescarnos (el día era atorrante), visitar algunos de sus puntos de interés y comer algo en el Zapiecek (Camino Real). Un restaurante agradable y bueno, con chicas vestidas con trajes regionales. Recomendable. Luego, con la compañía de unos helados, nos dimos un agradable paseo hasta el Mercado de La Plaza Nueva y el Monumento al Alzamiento de Varsovia, pasando por la Barbacana (Puerta de la Ciudad Nueva). Tras un largo paseo por los alrededores (hay mucho que ver en la zona: iglesias, edificios…), de repente, nos tropezamos con una multitud que se dirigía hacia el parque Fontann a un festival musical gratuito (por motivo de solsticio de verano) con multitud de puestos de comida, bebidas y suvenires. Disfrutamos de la música y el ambiente, paseamos por los alrededores y volvimos al casco antiguo para cenar en la Plaza Vieja.

Desde el apartamento (en una zona inmejorable) todos los principales puntos de interés de la ciudad vieja están a tiro de piedra y la Ciudad Nueva, también, está a un agradable paseo.
 
3º día: Varsovia

Nos dirigimos a la zona del antiguo gueto judío. Cada día tomábamos por diferentes lugares para así poder ver algunas cosas distintas según el camino que cogiéramos. De camino nos detuvimos a desayunar y visitamos el parque Lazienki. Muy bonito. Por la zona se puede visitar el museo y pasear por algunas calles curiosas y otras no tanto. Se conservan marcadas algunas zonas del antiguo muro. Al atardecer el clima se puso un poco malo y cogimos el tranvía nº 4 para dirigirnos a Annopol y visitar un centro comercial, ya que comenzó a llover. Por el camino se puede parar para ver alguna iglesia curiosa. Comimos en el centro comercial. OJO: No tiene casa de cambios (hay cajeros)

El billete del tranvía se puede comprar en unas máquinas, directamente al conductor o bien en los estancos que suelen haber cerca de las paradas.

Cuando mejoró el tiempo aprovechamos para pasear, tomar unas cervezas y luego cenar en la plaza.

4º día: Varsovia

Nos dirigimos a la estación central para comprar el billete de tren e ir a Cracovia al día siguiente. Toda esa zona es mucho más amplia y moderna, aunque con algunos contrastes. Nos sorprendió que había bastante cola para comprar los billetes, pero, a su vez, había una cola prioritaria para discapacitados, embarazadas o madres con carrito de niño (eso nos salvó). Nos hicieron un descuento familiar por ser cuatro adultos.

Después  nos quedamos visitando la zona centro y su milla de oro. Había una zona peatonal donde comimos en un sitio de carnes riquísimo. La zona se puede aprovechar para hacer compras en grandes cadenas y otras en pequeños comercios más interesantes (vinilos, antigüedades…). De allí nos dirigimos de nuevo hacia el Camino Real, pero por la otra punta, por el monumento de Copérnico, para terminar de nuevo en el barrio histórico. El paseo es interesante.

En Varsovia, este día, coincidió que se jugó un partido de la selección polaca, de la Eurocopa y la gente, sobre todo los hombres más jóvenes, estaban eufóricos, escandalosos y muy borrachos. Lo vivían, vamos a decirlo así, muy intensamente. Nosotros seguimos recorriendo las zonas que más nos habían gustado con tranquilidad. Esa noche cenamos en el apartamento algo ligero. La comida polaca es rica y contundente.

5º día: Varsovia - Cracovia

Hicimos el trayecto en tren desde Varsovia hasta Cracovia (2 horas y media en tren rápido), es puntual y muy cómodo. Te sirven café, té o agua gratuitamente y tiene servicio de comidas de pago.

A la llegada a Cracovia nos dirigimos (antes de ir al alojamiento) a la estación de guaguas para informarnos de los horarios y comprar los billetes para el 7º día (visita de Auschwitz). Los billetes con “asiento reservado” para 5 personas nos costaron 60 zlotys (1 hora y media de trayecto). Solo ida, la vuelta se compra allí.

Nos dirigimos a nuestro alojamiento, previa parada para recoger las llaves. Nos alojamos en Sodispar: apartamento Venice en la calle Bracha. Absolutamente recomendable. Espacioso, moderno, limpio y muy bien situado.

Cracovia nos encantó, es preciosa. Nada más encarar la plaza Rynek Glowny lo supimos. Se dice que es la plaza medieval más grande de Europa y en ella se encuentran, por ejemplo, la lonja de Paños, la iglesia de Santa María. Entre Varsovia y Cracovia nos quedábamos, sin duda, con Cracovia. Bellísima, llena de rincones y con un ambiente muy agradable.

Dejamos las maletas en el loft y nos dirigimos a almorzar a Goscinna Chata (calle Slawkoska), es un restaurante de comida típica. La comida era muy buena y estaba muy bien ambientado. Probamos la sopa típica, que sirven dentro de un pan (mmm, riquísima)

Después de comer visitamos el mercado de Paños y las iglesias de la plaza. Comenzamos a callejear, la ciudad invita a ello (tiene infinidad de rincones con magia), hasta el complejo fortificado Wawel. La visita es aconsejable.

El ambiente en Cracovia por la noche es muy animado. Con músicos por la calle, mercadillos, y mucha gente joven. Quizás más turístico que en Varsovia, pero también con mucho más encanto.

En Cracovia tampoco es un problema encontrar sitios para comer o tomar algo a cualquier hora.

6º día: Cracovia

Este día fuimos caminando hacia la Barbacana, puerta de entrada a la zona amurallada en la antigüedad, y a la zona de Florian. Vimos la plaza Matejki y luego dimos un paseo, rodeando la muralla, por los jardines de Planty, hasta la orilla del río, donde encontramos un pequeño paseo de la fama y la archiconocida estatua del dragón, que nos recibió soltando una llamarada de fuego de entre sus fauces.

Seguimos la ribera del río Vístula hasta el barrio judío y el antiguo gueto, Kazimierz. Comimos en la terraza Scandale (buena carne) en frente de la plaza Nowy. Visitamos el mercadillo de la plaza (también interesante) y tras alguna compra nos dirigimos a visitar el corazón del barrio, las sinagogas, el cementerio… Luego cruzamos el puente para visitar otros puntos significativos: plac Bohaterow Getta, los restos del muro del gueto…
 
Después de todo esto, como estábamos cansados, para volver a la zona antigua cogimos el tranvía. Una vez allí nos regalamos un ratito tomando un refrigerio en la plaza Maty Rynek ,ubicada justo detrás de la iglesia de Santa María, y luego nos dedicamos a pasear y escuchar a músicos en la calle.

Este día decidimos recogernos relativamente pronto, cenar en el apartamento y descansar,  ya que al día siguiente nos esperaba un buen madrugón para la visita de Auschwitz-Birkenau.

7º día: Cracovia - Auschwitz - Cracovia

Madrugamos (06.15) para ir a la estación y dirigirnos al antiguo campo de concentración y exterminio. La guagua de ida (salía a las 07.50), que en realidad era un microbús, y los asientos, que al contrario de lo que nos dijeron no estaban asignados, fue un medio timo. De hecho hubo gente que estuvo la hora y media del trayecto de pie o sentada en el pasillo. De todas formas existen varias compañías que hacen el trayecto, y pero, según nos dijeron, ponen las guaguas o microbuses en función de las reservas (pero como también la pueden coger los autóctonos u otros guiris sobre la marcha…). Es raro.

La visita a Auschwitz-Birkenau fue lo que se esperaba: sobrecogedora. Nos tocó ir en un día muy caluroso. La visita, si no vas con guía, se hace en unas cinco horas aproximadamente. La guagua interna es gratuita y la frecuencia depende de la hora del día.

A la vuelta tuvimos más suerte con la compañía de guaguas y era bastante mejor… era una guagua de verdad.

Al volver a la estación dimos un paseo por su galería comercial. Después del calor que habíamos pasado nos vino muy bien estar bajo techo, un tiempo, con aire acondicionado. Comimos ahí mismo. NOTA: Cracovia es un buen lugar para comprar zapatos y artículos de piel a buen precio.

Por la tarde disfrutamos de otros buenos paseos por los extrarradios en busca de algún lugar o, simplemente, por ver otras zonas, pero lo cierto es que siempre terminábamos en la plaza principal  y sus alrededores.

8º día: Cracovia

Este día habían montado unos puestitos en la plaza y, si ya de por si tiene encanto, aquello era un extra. Por supuesto navegamos entre artículos de la 2ª  Guerra Mundial, antigüedades… Luego, una vez saciada la curiosidad consumista, decidimos coger un carrito de tour guiado, para los cinco, que nos llevó a los puntos más importantes, otra vez, explicándonos una breve historia de cada sitio con una audioguía y el chofer (inglés), que también hacía de guía dentro de los templos. Fuera de que lo ya habíamos visitado, nos llamó la atención el museo de la fábrica de Schindler (muy recomendable) Las entradas estaban incluidas en el precio del tour. Cuando terminó le dijimos al chico que nos recomendara un lugar típico para comer y eso hizo, pero era un local pequeño y estaba lleno (tenía muy buena pinta). Fuimos a La Fontaine (calle Slawkowska) que también nos gustó. Estaba ubicado en uno de los subterráneos de la zona medieval de Cracovia.

Luego dimos un último paseo por la plaza y zonas aledañas, hicimos las últimas fotos y fuimos al apartamento, para luego salir a disfrutar la noche de Cracoviana en toda su esencia. Como curiosidad: los baños de los locales suelen ser mixtos.

9º día: Cracovia

Aeropuerto y a casa (directo). Por cierto, si te sobran muchos zlotys cámbialos antes de ir al aeropuerto, porque no hay oficinas de cambio y solo hay una tienda duty free donde gastarlos, en la que te devuelven (el cambio) en la misma moneda en la que compras. Otra opción es guardarlos para gastarlos en el duty free del avión o especular con divisas.

viernes, 1 de abril de 2016

RUMANÍA EN UNA SEMANA. MARZO 2016


RUMANÍA EN UNA SEMANA.  MARZO 2016
 

Bucarest – Brasov (SINAIA – BRAN) – SIghisoarA – Sibiu (BIERTAN) – Pitesti (SNAGOV)

Rumanía es un  país que todavía no está muy explotado, turísticamente hablando. Eso nos gustó bastante porque puedes ver realmente el vivir del día a día de la gente. Por otro lado, el desconocimiento y la falta de información con la que afrontas el viaje te hace ser un pelín más precavido.

Tenemos que decir que nosotros no tuvimos ningún problema, ningún tipo de inseguridad, ni por el día ni por las noches. Nos sorprendió el nivel de desarrollo de las zonas urbanas y no tuvimos ningún contratiempo realizando el viaje por libre con un coche alquilado.

Día 1: GRAN CANARIA-MADRID-Bucarest.

Llegamos por la noche a Bucarest dos personas (un hombre y una mujer). Esa noche lo único que nos dio tiempo a hacer fue una primera toma de contacto, que resultó ser muy entretenida.

Dejamos nuestro equipaje en el hotel (Old City Bucharest DN Hotels), situado en el centro histórico. Una zona muy animada de marcha nocturna.

Nos dirigimos a dar un paseo y cenar algo. Fuimos a un restaurante tradicional (Taverna Covaci) que nos recomendó Flavius, el dueño del hotel donde nos hospedamos.

En el restaurante, aparte de cenar, se formó un jolgorio impresionante con música rumana en directo. Sacaron a bailar a los comensales y, cuando nos dimos cuenta, el ambiente estaba tan animado que había más gente bailando en el centro del salón (incluidos nosotros) que sentados en sus mesas. Fue divertido.

Al terminar fuimos a dar otro  breve paseo de camino al hotel para, sobre todo, bajar la contundente comida típica.

Día 2: Bucarest.

Este día lo dedicamos a ver toda la ciudad vieja de Bucarest e improvisar un recorrido para conocer sus lugares más emblemáticos (sin olvidar los extrarradios). Importante aprovechar el sol.
 
 

Nuestro tour comenzó, como ya dijimos, por la ciudad vieja. Tras unos paseos encantadores nos dirigimos a la zona del Palacio del Parlamento, cruzamos el parque Izvor y subimos hasta el Arco del Triunfo (pasando por Gara de Nord, el museo Nacional de Historia…). De vuelta paseamos por el parque Herastrau, salimos por la Piata Charles de Gaulle, bajamos por el Boulevard de los aviadores hasta la Piata Victorei y luego hasta la Piata Romana. Vimos el Ateneo Romano y el Teatro Nacional de camino al casco antiguo, donde acabamos para disfrutar, un poco, de la tarde y el ambiente nocturno durante la última noche. La librería Carturesti es majestuosa y hay que visitarla.

Día 3: BUCAREST – Sinaia – Bran – Brasov.

Madrugamos para dirigirnos (taxi) al aeropuerto internacional de Otopeni, donde recogimos el coche de alquiler con la empresa Autonom (muy bien).

Comenzamos la ruta hacia Brasov y teníamos planeadas varias paradas en el camino.

Hicimos la primera parada en Sinaia (1:30 horas aprox.), donde nos recibió una cellisca de nieve. El pueblo es muy bonito y el camino al Castillo de Peles lo hicimos caminando, a pesar de las inclemencias climáticas. También visitamos el Monasterio de Sinaia.

Seguimos nuestro camino dirigiéndonos a nuestra segunda parada: Bran (50 min). Según llegamos al pueblo comenzó a nevar de nuevo.

Visitamos el Castillo de Bran que nos gustó mucho. En la antesala de la entrada al castillo había una zona de puestos de suvenires bastante surtido pero, como el tiempo no acompañaba para ir de compras, seguimos nuestro camino tras un breve vistazo.

Llegamos a Brasov (45 min) sobre las tres de la tarde. Nos dirigimos a nuestro alojamiento que, en este caso, era un apartamento precioso (Versus Art Studio) con vistas al famoso cartel de Brasov (al estilo de el de Hollywood). Allí nos esperaba miss Clara, una encantadora ama de llaves.

Brasov es una ciudad preciosa, con su plaza Sfatului, su Ayuntamiento, sus edificios… Un giro de 180 grados te regala una maravillosa vista de la plaza y alrededores. Brasov es una ciudad para caminar, visitar su Iglesia Negra (cierra los lunes), los alrededores de la muralla, La Torre Blanca, la Torre Negra, la Puerta de Caterina, el complejo Olimpia, la Sinagoga, la calle Sforii (dicen que es de las más estrechas. Nosotros no lo tenemos tan claro) y otros muchos lugares. Fuera de la puerta de Schei (da nombre al barrio del mismo nombre) era donde vivía el pueblo Rumano cuando tenían prohibida la entrada a las murallas de Brasov. Su plaza Unirii y la preciosa Iglesia de San Nicolás de Schei dan para un paseo encantador.

Si se dispone de tiempo y ganas se puede subir al monte Tampa donde está el cartel de Brasov. (Hay un teleférico). También se puede visitar la ciudadela.

Día 4: BRASOV- Sighisoara.

Nos levantamos temprano para dar el último paseo por la encantadora Brasov y, tras el desayuno, seguir nuestro camino.

Llegamos a Sighisoara (2 horas) dirigiéndonos a la zona de la ciudad vieja, que es donde se concentran los atractivos turísticos y donde estaba nuestro hotel (Hotel Sighisoara) Un edificio de 500 años de antigüedad muy bien conservado. NOTA: se supone que los coches no pueden aparcar en la zona histórica, solo dejar pasajeros. Nuestro hotel tenía parking interior para evitar las multas.

La zona de la ciudadela se encuentra en la cima de la montaña y está amurallada. Las vistas son impresionantes y la visita de sus calles también.
 
 
 
Vimos la Torre del Reloj, la Iglesia de la Colina, las Torres de los Sastres y los Orfebres, la estatua de Vlad Tepes, subimos por unas escaleras cubiertas (construidas en el año 1642) y, por supuesto, visitamos y cenamos (ahora es un restaurante) la Casa Drácula. Fue donde nació Vlad Tepes y, se dice que, vivió hasta los cuatro o seis años (hay controversia). El extrarradio tiene una iglesia bonita y algún parque o casa curiosa, pero poco más.

Día 5: SIGHISOARA – Biertan – Sibiu

De camino a Sibiu hicimos una parada en Biertan (30 min.) para ver su Iglesia fortificada. Algo que nos llamó la atención de Rumanía es que, en algunos lugares de visita, te ponían un número de teléfono para llamar al guardián y concretar la visita cuando estás allí (sobre la marcha). Esta vez no quisimos entretenernos y la vimos por fuera, tras visitar el pueblito.

Biertan era una zona rural. Vimos carros de caballos, pozos de agua, y un ambiente que te evoca, quizás, una época medieval.

Llegamos a Sibiu (1:30 horas), nos dirigimos a nuestro apartamento (Archivelor Apartment) para dejar nuestras cosas y continuar la visita de la ciudad.
 
 

Sibiu nos encantó. Sus tejados con ojos cansados, que parecen observarte, su imponente Piata Mare, su encantadora Piata Mica, la Basílica Evangélica, la Piata Huet, el Puente de Hierro, la Iglesia de Santa Úrsula… o caminar, simplemente, por la calle peatonal Nicolae Balcescu, donde también hay abundantes terrazas donde tomar un tentempié, es imprescindible.

Sibiu es una ciudad con mucha oferta gastronómica y de ocio, quizá la más amable para el turista (se encuentra más ofertas de todo). En la zona centro hay tiendas de productos artesanales tradicionales y en la zona del extrarradio se encuentran outlets y centros comerciales (de estilo asiático) muy interesantes.

Día 6: SIBIU – Pitesti.

De Sibiu a Pitesti (casi 3 horas)  fue la única vez que cogimos autopista (durante una parte del camino). También había una parte de carretera de montaña paralela al río preciosa. En realidad, conducir por toda la zona de los Cárpatos es encantador. Se pueden ver rebaños de ovejas en las orillas de las carreteras, puestitos de queso artesanales, valles hermosos… En este último tramo, hasta llegar a Pitesti, los pueblos se encadenan y hacen la conducción mucho más tediosa.

Pitesti es una ciudad en la que hicimos noche (hotel Arges) por hacer un alto en el camino de vuelta, pero que realmente no tiene mucho encanto.

La zona central discurre en una avenida peatonal con algunas tiendas, centros comerciales y bares. NOTA: No hay mapas turísticos.

Salimos un poco de la zona centro y encontramos un mercado local dividido por gremios de ropa, verduras, carnes… muy curioso. El resto del extrarradio, con alguna excepción, carece de interés.

Algunos  camareros en Rumanía no nos parecieron que tuvieran muchas dotes de cara al cliente, pero en esta ciudad muchísimo menos. Igual se trata de algo cultural.

Como curiosidad, por la noche, en Pitesti (en el centro) se veían bandadas de pájaros, que iban de un lado a otro,  sin rumbo, graznando y provocando un ruido ensordecedor. Era un poco tétrico.

Día 7: PITESTI-Snagov-Otopeni-Madrid-Gran Canaria.

Nos dirigimos a Snagov (2 horas aprox.) para para visitar su monasterio donde reposan los restos de Vlad Tepes, excepto su cabeza, entregada a los turcos (según cuenta la leyenda)

Para llegar a Snagov la carretera es buena y tranquila. La entrada hacia el monasterio, no obstante, no está señalizada.

El monasterio se encuentra en una isla al norte del lago de Snagov. La información con la que contábamos decía que había que alquilar unas barcas para acceder a éste, pero había un puente que unía ambos márgenes (también hay que llamar al encargado y la entrada es de pago). La visita es interesante y hay que estar en silencio, ya que se trata de un monasterio en funcionamiento.
 
 

Como todavía contábamos con tiempo (nuestro avión salía de tarde) decidimos parar a comer en el restaurante Dolce Vita, con una terraza con vistas al lago maravillosa, donde comimos un pescado sensacional.

Luego al aeropuerto (30 min.) a devolver el coche y volver a casa.

Un destino sorprendente.

 

E.Jota

lunes, 1 de febrero de 2016

SAL (CABO VERDE). ENERO 2016. CUATRO DÍAS.


SAL (CABO VERDE). ENERO 2016. CUATRO DÍAS.

Hicimos una escapada de fin de semana a la Isla de Sal, en el archipiélago de Cabo Verde. Optamos por visitar esta isla por ser, en nuestra opinión, la más interesante de las que tienen conexión directa con Gran Canaria.

Nos hospedamos en el Meliá Tortuga Beach, que es un hotel-resort (todo incluido). El hotel estaba muy bien, pero la urbanización donde estaba (aunque pertenece a Santa María) no era nada centrica. Era una de esas urbanizaciones fantasma en las que solo hay apartamentos y hoteles (algo muy guiri). Sin nada que hacer fuera de los recintos hoteleros.

Este no es el tipo de viajes que solemos hacer, pero nos apetecía un fin de semana de relax y la información previa que teníamos sobre las facilidades para comer y alojarnos era bastante escasa.

Si volviéramos a viajar a la Isla de Sal, sin duda, nos hospedaríamos en alguno de los alojamientos (hoteles o apartamentos) del centro de Santa María, aunque el precio es bastante similar a quedarte en un resort todo incluido.

Día 1: Gran Canaria – SAL

Llegamos al aeropuerto y  tras hacer el cambio de divisa, en la sucursal del banco en la terminal (paciencia), cogimos un taxi hasta nuestro alojamiento. Los precios habían subido con respecto a la información que teníamos, pero eran precios cerrados y generalizados (sin taxímetro).

Después de hacer el check in empezamos a aprovechar las instalaciones para comer y estar un rato en la playa.

Al atardecer dimos un paseo por la playa hasta la zona de Ponta Preta, donde había grupos de gente practicando kitesurf (muy practicado en esta isla). Tenemos que decir que el atardecer en la zona de nuestra playa era espectacular. También se podían dar paseos a caballo por la misma.


 
Día 2: SAL (ESPARGOS, PALMEIRA, BURACONA, SANTA MARÍA)

Después del desayuno salimos a la puerta del hotel donde habían varios taxis esperando por pasajeros y pactamos con uno de ellos un recorrido por los sitios que nos interesaba visitar. Esto parece ser una práctica habitual ya que tenían fotos y panfletos turísticos para ofrecernos esos destinos y algunos más que nosotros no visitamos (Pedra de Lume, Terra Boa…). En un día de taxi da tiempo para recorrer toda la isla.

La primera parada la hicimos en Espargos, que es la capital de la isla. Es una ciudad con calles empedradas, casas de colores, una bonita plaza con una iglesia azul y un ritmo de vida muy tranquilo (era un día festivo, 20 de enero. Día de los héroes nacionales). También se puede subir al mirador para tener una vista aérea de la ciudad.


 
La segunda parada la hicimos en Palmeira. Una ciudad con un pequeño puerto pesquero donde se puede ver la compra-venta de pescado recién cogido. Es como una lonja a pequeña escala. Aparte de esto, dimos un paseo por sus bonitas calles para descubrir otros rincones (es un bonito pasatiempo)

La siguiente parada la hicimos en Buracona, al norte de Palmeira. Una zona de paisaje volcánico con piscinas naturales, donde la principal atracción es el “ojo azul”. Un reflejo del sol sobre el mar. Había también un bar, unos puestos de artesanía y Monte Grande (con sus 406 metros).

Seguimos con nuestro taxista hasta Santa María, donde, finalmente, nos despedimos de él.

Santa María es un sitio encantador, lleno de vida local y extranjera. La playa es preciosa. Tiene un muelle de madera que la parte en dos, en el que también se puede ver gente vendiendo y comprando pescado, saltando al cristalino mar o simplemente paseando. Sus callejuelas, con sus tiendas y bares, son muy bonitas y llenas de vida.

Íbamos decididos a comer langosta en el Restaurante Barracuda, pero como no había, decidimos probar los percebes y las cracas que también son típicas de allí. Muy buenas y a muy buen precio. Tras la comida nos quedamos disfrutando de la playa, el sol y la tranquilidad.

La vuelta al hotel la hicimos caminando por el litoral (desde Santa María hasta más allá de Punta Preta). Tardamos unas 2 horas (aproximadamente), realizando algunas paradas para el disfrute personal. Durante el camino hay inmensas porciones de playa absolutamente desiertas. El paseo es indescriptible.



 
Día 3: SAL

Este día fue un día de relax, aprovechamos para darnos un masaje en el spa del hotel, comer la langosta que no pudimos el día anterior, pasear por Santa María, disfrutar de la playa…

El destino nos gustó y nos dio pena no disponer de más tiempo para hacer alguna escapada a alguna otra isla (Sao Vicente o Boa Vista)



Día 4: SAL - GRAN CANARIA

Aparte de desayunar y disfrutar, un poco más, de la hermosa playa, no hicimos mucho más.
El vuelo de vuelta hizo una escala técnica en el aeropuerto de Praia.
 

E.Jota

lunes, 1 de junio de 2015

CROACIA: 14 DÍAS/13 NOCHES MAYO 2015.


CROACIA: 14 DÍAS/13 NOCHES MAYO 2015.

Dubrovnick, Ston, Makarska, Split, Trogir, Sibenick, Zadar, Dugi Otok, Plitvice y Zagreb.

 

La mayoría de los apartamentos ofrecen recogida en el aeropuerto, pero es un extra de los precios. Para evitar sorpresas es aconsejable reservar los alojamientos (apartamentos) desde internet o, al menos, parte de la ruta principal marcada. En temporada alta los precios suben sustancialmente y en ocasiones pude complicarse el alojamiento. En Mayo hizo muy buen tiempo y los precios eran más razonables (no baratos). También te puedes hospedar en casas particulares. Hay carteles evidentes, en todos los tipos de alojamientos, sobre si hay disponibilidad para reservar en ese momento.

Día 1: Gran Canaria – Madrid – Dubrovnick

En Dubrovnick lo mejor está dentro de La Muralla, incluida la visita a esta. La zona principal (llana) es donde se reparten la mayoría de sus principales puntos de interés turístico. El resto es en cuesta, pero hay que subir y bajar escaleras para encontrar rincones con encanto y disfrutar de la ciudad amurallada. Sin estas cuestas el lugar no aguantaría un ambiente medieval tan auténtico. Nos acomodamos en Apartament Divina, en Palmoticeva 14. La localización es perfecta. El apartamento está bien, aunque el bajo tiene muy poca ventilación. Mejor los de arriba. Los dueños no aceptan bien las críticas en internet, pero el lugar está realmente bien.

 Hay muchísimos lugares, con todo tipo de oferta (escondidos o no), donde comer o tomar algo. Se puede comer vegetariano, productos de mar, catar vinos, tomar copas, pizza, helados, picotear... Se recomienda la “sea food”. Al lado del alojamiento había unas calles con restaurantes de todo tipo. El vegetariano hindú está buenísimo. Luego hay otro, muy solicitado (Lady Pi Pi), que se encuentra subiendo todas las escaleras (desde nuestro apartamento) a la derecha. A los pies de la muralla, con un ambiente mediterráneo muy chulo y una comida riquísima. Es una especie de patio-terraza con una pequeña puertita metálica. En todas las plazas hay restaurantes con comida típica, sobre todo, insistimos, la “sea food”.

Llegamos (1 mujer y 1 hombre) pasado, un poco, el mediodía, por lo que aprovechamos para comer, conocer bien la zona (la ciudad amurallada es fácil y agradable de recorrer) Luego paramos a tomar algo, cenar y dar una vueltita antes de dormir.

En muchos lugares, dentro de la muralla, existen tiendas freack de la serie Juego de Tronos. En Dubrovnick, por lo que comentaban, se habían grabado algunos de los capítulos de la misma.

 

Día 2: Dubrovnick (Y zona Este)

                Polse y el Puerto son otras zonas céntricas donde pasear muy cercanas, aunque en realidad todo está a tiro de piedra. El paseo del faro es muy bonito y  al atardecer más aun, con vistas a  la isla de Lokrum. En el muelle, aparte de turistas, también se puede observar a los pescadores trastear con sus redes. Siguiendo hacia el este,  está la playa de Banje (donde tomar un bañito) y más adelante una zona residencial, de muchos hoteles, con bonitas vistas panorámicas de la ciudad amurallada. NOTA: El agua en Croacia es fría. Y por el otro lado (Puerta Pile) está el Fuerte Lovrjenac (que aun estando fuera, forma parte de la zona histórica), un parque no muy bonito (con serpientes) y una zona residencial, con algo más de encanto que la de la zona este.

Aprovechamos el día, desde temprano, para recorrer a pie todas esas zonas comentadas y realizar un recorrido por la muralla. Luego volvimos a la ciudad amurallada para darle otra vuelta y disfrutarla sin prisas. Dubrovnick, en general, no es muy grande y es fácil de visitar mientras se pasea, pero si te aburres puedes optar por alguna de las excursiones que te ofertarán, por toda la zona del muelle, a sus islas más visitadas (Lokrum, Elafiti, Mljet…).
 
 

Día 3: Dubrovnick (Y parte Oeste)

                A unos 3 kms, al oeste, de la “old town” está Lapad. Hay preciosas calas escondidas durante el paseo hasta allí, pero encontrarlas no es tarea fácil. Fuera de eso, es una zona más enfocada al turismo de sol y playa. Playas como Copacabana están más alejadas y, a nuestro parecer, sobrevaloradas. NOTA: Las playas de Croacia serán valoradas según el gusto personal de cada uno. La mayoría de playas son de cantos rodados, salvo algunas excepciones. Nosotros al ser de un archipiélago, con hermosísimas playas, hemos crecido con un gusto determinado, pero para nada queremos decir que las de Croacia sean peores: Hay calas y playas muy, muy bonitas. Sólo que a nosotros nos gusta más la arena.

                A nuestro gusto el paseo fue lo mejor. Terminamos volviendo, no muy tarde, a la muralla para apurar el último atardecer.

Alquilar un coche. Se puede hacer por internet o allí (siempre bajo disponibilidad). Los precios son similares, pero en internet entiendes mejor los seguros y  cómo devolverlo en otro lugar. No consideramos necesario alquilar un coche para Dubrovnik.

 

Día 4: Dubrovnick – Ston.

Una hora de camino separan a Dubrovnick de Ston. Este es un pequeño pueblo con una Muralla, tipo fortificación, que es conocida como la Muralla China Europea (se puede recorrer). Lógicamente, es muchísimo más pequeña. Otros atractivos de la zona son sus salinas y el pequeño pueblo, donde se puede comer en bonitas terrazas o tomar algo. La comida es buena. Son típicas las ostras y langostas.

También se puede aprovechar para  pegarse un salto a la Península de Peljesac y conocer otros lugares (Trstenik, Zulajana…) Luego se puede visitar Mali Ston para comer unas ostras. A esta última se puede llegar comprado el boleto y cruzando la Muralla entera para luego volver por un sendero llano de 1,5 Km (también se puede usar para ir). Hay serpientes. No obstante, aunque es una caminata dura, merece la pena cruzar la Muralla. Calculad 30-45 min para recorrerla. Mali Stone es algo más turístico.

Eso es lo que se podía hacer y fue, más o menos, lo que hicimos. Nos quedamos en un apartamento en Ston, con vistas a la muralla, fuera del pueblo. Bonito, limpio y amplio. Apartaments Vlasic. La calle es Put Malog Stona 2. El dueño y su hija son encantadores.

 

Día 5: Ston – Makarska – Split

Para llegar a Makarska (2 horas) hay que atravesar Bosnia y, si apetece, hacer una paradita ligera o plantearse realizar alguna ruta por la zona.

Makarska tiene un bonito paseo marítimo y un casco antiguo vistoso. Luego una amplia playa de encanto moderado.

Es un buen destino para estirar las piernas y conocer un poco el lugar.

Split (otra hora de carretera) es otra preciosa ciudad amurallada (mucho más grande que Dubrovnik) con un hermoso paseo marítimo, donde pasear y perderse por sus calles es una gozada. Comer o tomar algo, como en Dubrovnik, no es un problema, incluso hay más oferta. Tiene un mercado general hasta 12-14h y algunos más, aledaños, hasta más tarde. La zona está infestada de tiendas de todo tipo, pero tiene un encanto especial. Fuera de la muralla hay zonas más populares, interesantes, donde interactuar con un ambiente más local. También se pueden visitar, turísticamente hablando, El Parque Natural, El mirador o su popular playa de arena (no lo es realmente). Es recomendable comer por la zona de la playa, disfrutando de las preciosas vistas. Hay otras pequeñas calitas, más tranquilas, por los alrededores.

Nos alejamos dentro de la muralla en la calle Julija Nepota 3. Era un estudio (Estudio Josip) con cocina, baño, etc… en un bajo. La situación muy buena (céntrico y tranquilo), el estudio bien, pero nada del otro mundo, pequeñito.

El primer día recorrimos la zona amurallada, el paseo marítimo y los alrededores más cercanos.

 

Día 6: Split

Tras un paseo y desayuno por la ciudad antigua fuimos al Parque Natural, al mirador. Luego un ratito en la playa, barrios aledaños y vuelta a disfrutar de la zona antigua. Para tomar algo alejado del turismo, en un ambiente más local, hay que salir de la muralla.

 

Día 7: Split – Trogir  

Otra encantadora pequeña ciudad amurallada, repleta de rincones bellos, y un hermoso paseo marítimo. Se puede visitar, también, su bonita playa o  las pequeñas calas y pueblitos del otro lado, algo más íntimos. Mínimo una noche para disfrutar de su animada vida nocturna. Fuera de las murallas, por las mañanas, cruzando el puente, ponen un bonito mercado con productos típicos, flores, ropa… De Split a Trogir son unos 45 mts de camino.

Imprescindible quedarse dentro de la Muralla. Las calles son peatonales y hay que cargar  las maletas hasta el alojamiento. Villa Ivanka, en Obrov 10, es el lugar perfecto, precioso y ubicado en una zona encantadora (como todo Trogir). Nada más salir de los apartamentos hay varios restaurantes, pero también los hay en el paseo marítimo o escondidos entre callejuelas y plazas. Por la noche muchos pubs ofrecen música en directo. Muy aconsejable.
 
 

Día 8: Trogir – Sibenik – Zadar

Sibenik: Paseo Marítimo y bonita ciudad medieval amurallada. Hay muchas cuestas, callejuelas,  escaleras y rincones encantadores. No es pequeña, si se quiere ir con tranquilidad hay que llegar con tiempo. (1 hora desde Trogir)

Zadar, junto con Zagreb es la ciudad de ambiente más local que conocimos. Mezcla paseo marítimo, amurallamiento, ruinas romanas e iglesias medievales (quizás más dispersas y menos impactantes que las anteriores), con una animada vida nocturna (local) que conviene no perderse. El Saludo al Sol y El Órgano del Mar, sobre todo al atardecer, son lugares de visita obligada. Nos alojamos en Studios Zana, en Franje iz Milana 4. Parecía una zona rara al principio, pero en realidad es la zona joven y es donde se encuentra el mejor ambiente nocturno. Es un buen sitio donde alojarse. (Otra hora de carretera)

En Zadar sólo pasamos una noche y es suficiente para ver bien el lugar. Incluso para descansar y salir de noche.

 

Día 9: Zadar – Dugui Otok

 Para llegar a esta isla es necesario tomar el Ferry (2 horas aprox.). Esta isla, de 43 kms de largo por 500 mts de ancho, es una oferta más de tipo rural-costera-relax. Por ahora se salva de las aglomeraciones turísticas. Llevar alimentos, por seguridad, lo recomiendan en función de las fechas, ya que fuera de algunos hoteles los horarios son autóctonos (no dirigidos al turista). Tiene muchas playas, alguna de arena (Sakarum), y otras hermosísimas calas donde relajarse absolutamente solo, aunque las indicaciones no siempre son buenas (hay que intuirlas). También está el parque Telascica (hay serpientes),  donde está ubicado en Lago Salado (no flotas). Visitar los pueblitos es fácil. Ojo, sólo hay una gasolinera en la isla.

La mayoría de apartamentos son casas de huéspedes que los lugareños han construidos en sus terrenos. Ofrece un trato cercano. Los croatas están muy interesados en conocer tus costumbres y explicarte las suyas (una vez rompes el hielo) y este ambiente es propicio para eso. Nosotros nos quedamos en Sali. Dentro de la tranquilidad tiene algo más de “vida”. Dos días, que fue lo que nos quedamos, es suficiente para recorrer la isla entera, con todos sus recovecos. En la oficina de turismo dan mapas muy buenos para recorrer los lugares mejores, como dijimos, la mayoría de ellos aun sin explotar masivamente.

 

Día 10: Dugui Otok

Saltando de hermosa cala en hermosa cala, ya que el primer día recorrimos el parque Telascica, el Lago Salado, Sakarum, el faro y los pueblos que habíamos ido encontrando, fue como pasamos el día. Las calas en su mayoría estaban a nuestra única disposición. 
 
 

Día 11: Dugui Otok – Parque Plitvice  

Algo más de 2 horas para llegar a Plitvice. La zona es espectacular, pero ofrece poco que hacer fuera de visitar el parque y sus imponentes cascadas. El parque, no obstante, es de cuento de hadas y hay que recorrerlo, a nuestro parecer, a fondo. Existen varios recorridos: cortos (de menos de una hora) y largos (de más de tres) Hay una zona de cabañas y mesas al aire libre (a mitad del pateo largo) al lado del lago, donde se puede parar para comer, comprar o tirarse un rato sobre la hierba.

Alojarse en hoteles cabaña cerca del parque es la mejor opción. Los propios alojamientos ofrecen desayuno en los precios y preparan cenas típicas en bonitos ambientes.

Nos alojamos en Plitvice Ethno House, en Jezerce 21. Cerca de la entrada del parque en coche. Muy acogedores. Tipo cabaña.

 

Día 12: Plitvice – Zagreb

                Las 2 últimas horas de carreteras croatas hasta llegar a Zagreb. Allí dejamos el coche nada más llegar. Las carreteras están en muy buen estado y no vimos, fuera de los locos que ves en todos los lados, inseguridades en la carretera.

                Zagreb nos encantó. Fuera de la abundante oferta cultural, arquitectónica o gastronómica que ofrece, Zagreb, destaca por su particular encanto local. Pasear mezclando zonas y visitando barrios es una maravilla. Además, así es como se encuentran los mejores lugares para comer (Lari & Penati). En la zona centro, si buscamos algo más selecto, el restaurante Agava está muy bien.

                A Zagreb la podríamos, a grandes rasgos, dividirla entre Ciudad Alta, Ciudad Baja (centro) y alrededores del centro.

                Ciudad Alta: Podríamos decir que sería el barrio antiguo de Zagreb. Comprende los barrios de Gonji y Kaptol. Hay numerosos museos, iglesias, la Puerta de Piedra, la catedral… Por las mañanas montan un mercado muy bonito para visitar.

                Ciudad Baja: Sería, realmente, el centro de la ciudad. Trg Josipa Jelacica es su punto neurálgico de frenesí. También hay museos, galerías, iglesias, parques, el Jardín Botánico… Hay que bajar hasta la estación de tren callejeando y moverse por esa zona

                Para los alrededores podemos caminar o pillar el tranvía, en función de lo que nos queramos alejar o queramos ver.

                En todas las zonas hay lugares donde comer o tomar algo, pero la zona alta, la baja y sus confluencias, sin lugar a dudas, es donde más vida y ambiente hay. Es cuestión de dar un paseo y buscar que se quiere hacer. La ciudad lo pone muy fácil.

                Estuvimos 2 noches y nos dio tiempo a hacer de todo. Eso sí, la máxima es madrugar. El primer día (aprovechando que dejamos el coche por la zona sur) barrimos la ciudad de abajo a arriba. El segundo día lo dejamos para ver extrarradios y volver a pasear por las zonas que más nos habían gustado.

 

Día 13: Zagreb y alrededores

                Continúa la visita a los lugares anteriormente mencionados (con calma). Esta vez iniciamos la excursión desde el apartamento Cilindar (calle Radićeva 6). Al lado de Trg Josipa. Una inmejorable ubicación, unos apartamentos excelentes y un trato maravilloso. Totalmente aconsejable.
 
 

Día 14: Zagreb – Madrid –  Gran canaria

                Salíamos temprano, dimos una última vuelta por los alrededores, y de vuelta para casa. Nos llevó el encargado de los apartamentos (pagando).

 

E.Jota

lunes, 1 de diciembre de 2014

JAPÓN 13 DÍAS. NOVIEMBRE 2014




JAPÓN 13 DÍAS. NOVIEMBRE 2014

 

Ante todo decir que el viaje a Japón lo decidimos hacer con muy pocos días de antelación y quizás por eso nos costó bastante organizarlo, ya que íbamos a contra reloj.

Nosotros decidimos llevar los hoteles reservados desde casa para no perder tiempo en buscar alojamiento por el camino, lo cual nos obligó a planificar la ruta antes de salir. Los hoteles, aunque no baratos, eran todos bastante correctos. Las habitaciones tiraban a pequeñas, pero para nosotros era suficiente.

El recorrido interior lo hicimos en tren para lo que vemos muy práctico la adquisición del Japan Rail Pass (JRP) y la reserva de asientos. Si quieres más información sobre cómo conseguirlo visita la página oficial. Los trenes son sumamente puntuales y está todo muy bien organizado, lo cual facilita los desplazamientos.

Algo que nos facilitó mucho el recorrido y que no habíamos hecho antes fue el envío del equipaje, de una ciudad a otra, por medio de empresas privadas. En nuestro caso lo enviamos desde Kioto hasta Tokio, a la que llegamos tres días después de dejar la primera. Este servicio se puede contratar desde los hoteles o en las propias empresas de transporte.

Viajamos en otoño. Viajar durante esta  estación hizo que los paisajes que vimos fueran maravillosos.  La gama de colores iban del marrón al amarillo pasando por el rojo, naranja, verde… Un auténtico espectáculo para los sentidos. Hacía un poco de frío para nosotros, porque tenemos la suerte de vivir en Canarias, pero nada que no se pudiera sobrellevar con algo de ropa térmica.

Japón es un país muy limpio, hasta en el parque más recóndito los baños públicos son un ejemplo de pulcritud, sin duda es el país asiático más limpio de los que hemos visitado. Está prohibido fumar mientras caminas, solo se puede hacer en las zonas habilitadas para fumadores que están correctamente señalizadas y limitadas.

No tuvimos ningún problema a la hora de comunicarnos con la gente en oficinas de JR, estaciones, restaurantes, tiendas, oficinas de turismo, etc. De hecho una de las cosas que nos sorprendió muy gratamente fue que, incluso, en algunos lugares encontramos mapas e información en español.

Día 1: Aeropuertos (Gran Canaria – Madrid – Estambul – Kioto)

Día 2: Llegamos a Kioto a las diez de la noche, recogimos el equipaje y nos dirigimos a la oficina de cambio que estaba justo a la derecha de la puerta de salida de pasajeros y que, para nuestra sorpresa, estaba abierta.

Sobre esto decir que en toda la información que buscamos antes, incluida la página oficial del aeropuerto de Kansai, decían que la oficina de cambio a la hora que llegaba nuestro vuelo estaría cerrada. Por ello hicimos un pequeño cambio de moneda en el aeropuerto de Madrid, cambio que nos resultó menos favorable del que pudimos hacer una vez  en el país. De hecho, fue en el aeropuerto de Kansai donde el cambio estaba mejor.

Una vez que ya teníamos nuestros yenes nos dirigimos a la oficina de JR para coger el billete de tren que nos llevaría hasta la ciudad.

Llegamos a la estación de Kioto y justo frente a la entrada principal estaba la torre de Kioto y, a pocos paso,s nuestro primer alojamiento por cinco noches: Hotel Hokke Club Kioto.

Dejamos las maletas, salimos a estirar las piernas y ver si había algo abierto para comer algo. Tuvimos suerte, en Japón hay edificios enteros con restaurantes en cada planta y en uno de ellos, no muy lejano a la estación, encontramos un restaurante muy bien ambientado y delicioso donde pudimos cenar.

Día 3: Arashiyama (Bosque de bambú), Templo de oro, Kioto.

Justo delante de la estación de Kyoto está la estación de autobuses (o como decimos nosotros de guaguas). Como no queríamos activar aún el JRP, para sacarle más partido, decidimos movernos en Kyoto en guagua para los trayectos largos.

Existen unos pases de un día que valen 500 yenes (Kioto Bus one -  day Pass).  Se pueden adquirir en las máquinas expendedoras o en una caseta, tipo quiosco, en la propia estación, delante de las paradas de guagua (eso sí, la señora del quiosco no habla inglés. Si se quiere información se tendrá que esperar a que abra la oficina principal, justo detrás del área de fumadores). Si solo vas a hacer un trayecto y no quieres pagar el pase de un día, puedes pagar dentro de la guagua, en las máquinas que están al lado del conductor, donde también tienes que validar el pase de un día si has optado, finalmente, por comprarlo.

Desplazarse en guagua no es complicado, lo único que si debemos tener en cuenta es que estemos en el lado de la calle que nos interesa para ir en una u otra dirección.

Al bosque de bambúes de Arashiyama (imprescindible visitar) recomendamos ir muy temprano, antes de que lleguen las avalanchas de turistas, para poder disfrutar del encanto y espiritualidad del lugar. Lo recomendamos en todos los lugares en los que queramos disfrutar de algo de paz.
 
 

Seguimos el camino hasta el lago, visitamos el templo Tenryu Ji, y luego otro pequeño templo que encontramos  con una puerta torii como entrada. Decidimos desandar el camino para hacer algunas fotos más del bosque de bambú y salir de nuevo a la ciudad. Después nos dirigimos a coger la siguiente guagua, pasando antes por algunas tiendas (que ya estaban abiertas), un bonito parque y el puente (para hacer unas fotos).

Cogimos la guagua y, tras hacer un trasbordo, llegamos al templo de oro (Kinkaku Ji).

Después decidimos volver a la zona del centro de Kioto y visitar el castillo Nijo – Jo, para luego seguir nuestro camino hacia Shinjo – dori y el mercado de Nishiki. Terminamos el día dando un paseo por Ponto Cho y Ginzo en busca de alguna geisha.

Día 4: Parque del Palacio Imperial de Kioto, Templos Zen,  Higashiyama norte y sur y Gion.

Este día fue de esos en los que parece que todo va a ir mal, pero que al final es casi de los más redondos. Comenzamos madrugando para ir de nuevo al centro a visitar el  Palacio Imperial de Kioto y como no se podía visitar (sin antes haber reservado hora) la visita se quedó reducida al parque de palacio, que al ser otoño estaba muy bonito y colorido.

Cambiamos  el rumbo y nos dirigimos al complejo de templos Zen Daitoku Ji, Imamiya Jinja y, luego, a tomar un té con una pasta, de sabor indescriptible, ensartada en palitos y remojada en una salsa (no sabemos cómo se llaman).

Tras este breve descanso nos dirigimos a la zona norte de Higashiyama, donde visitamos, además de numerosas tiendas de suvenires, el templo Ginkaku Ji (muy bonito) y paseamos por el Tetsugaku – no – Michi (sendero de la filosofía). Toda la zona es preciosa. Al finalizar el sendero, y al seguir descendiendo hacia la zona sur de Higashiyama, hicimos otra parada para comer en un pequeño salón (de una señora) una especie de tortillas con miles de ingredientes. Una de mariscos y otra de ternera. ¡Buenísimas! NOTA: Si no te gusta el jengibre avisa para que no lo espolvoreen al final.

Una vez en la zona sur, seguimos, nuestro circuito a pie, visitando en nuestro camino Ishibei- koji (una calle preciosa), Maruyama – koen (un parque con un cerezo gigante en el centro) y terminamos la jornada, ya por la noche, en la zona de Gion (zona de ocio y geishas).

Día 5: Miyajima, Hiroshima y Kioto.

Este día fue el que empezamos a utilizar el JRP, porque empezamos a hacer las excursiones en tren. Salimos temprano (con los asientos reservados) de Kioto dirección a Miyajima (1 hora y media) y allí cogimos el ferry también, también de JR, a la isla de Miyajima, donde está la mayor atracción del lugar: la puerta torii en el agua. El horario de salida y llegada de los ferrys y los trenes, por supuesto, están coordinados.

Miyajima se puede ver en unas horas. Hay un paseo lleno de ciervos, que se escapan del parque para ir a comer lo que les dan los turistas, y de tiendas que te van llevando a la famosa imagen de fotografía de la puerta torii.
 
 

Dependiendo de la marea y el clima que se coja esta imagen será más o menos parecida a las de las guías.

Si le queremos dedicar más tiempo hay varios templos, una pagoda, un museo, un acuario, un teleférico y algunas cosas más que nosotros no visitamos. También se pueden comer ricas ostras.

Nuestra siguiente parada fue Hiroshima. Aquí cogimos la guagua turística (incluida en el JRP) para llegar desde la estación de tren hasta el centro, donde estaban casi todos los monumentos que queríamos visitar. También había tranvías para moverse por la ciudad.

Visitamos la cúpula de la bomba atómica, la torre conmemorativa en honor de los alumnos movilizados, el monumento a las víctimas, la fuente y la llama de la paz, el museo conmemorativo de la paz de Hiroshima, el puente, las esculturas de origami y toda la zona.

De esta visita debemos decir que el museo nos pareció muchísimo más explícito si cabe que el memorial del holocausto de Berlín. Había muchísimos grupos de escolares que, al ver las imágenes  y las pruebas de la masacre expuestas, se tapaban los ojos horrorizados. Nos llevó un rato recuperarnos de la experiencia, pero pensamos que es una visita ineludible para así recordar lo que puede llegar a hacer el ser humano.

De vuelta a Kioto nos dirigimos a la zona de Kawaramachi para tomar y comer algo.

Día 6: Fushimi Inari Taisha, Nara y Kioto.

Salimos temprano hacia el santuario de las puertas rojas y pudimos disfrutar de la tranquilidad del lugar. Decidimos no recorrer la zona más alejada del sendero por la montaña (son varios kms), así que desandamos el camino para seguir a nuestro siguiente destino.

En Nara nos facilitaron un mapa de la zona en la oficina de turismo de la estación y nos explicaron el camino para la principal área de visita. Se puede ver la zona caminando y volver a la estación a pie, pero también hay una pequeña guagua roja que, por 100 yenes, te devuelve de la zona más alejada del parque Nara- koen a la estación. Visitamos el parque, dimos galletas a los ciervos, entramos al templo Todai-Ji, intentamos pasar por el agujero de  la columna de la felicidad (uno de nosotros lo consiguió), comimos en un restaurante hindú muy bueno, para cambiar un poco el paladar, vimos algunas tiendas y callejeamos un poco.

Y de vuelta a Kioto a tomar unas cervezas  y relajarnos para la cena.

Día 7: Kanazawa.

Salimos de Kioto, dejando en el hotel nuestro equipaje pesado para que la empresa de transporte nos lo llevara hasta Tokio, y ataviados con unas mochilas, con lo justo para unas cuantas noches, nos dirigimos a Kanazawa.

Como llegamos temprano, dimos un paseo desde la estación hasta nuestro hotel (Toyoko Inn), parándonos por el camino y haciendo tiempo hasta la hora del check in en el mercado Omi-cho, el parque del castillo de Kanazawa, el santuario de Oyama y el Kerokuen Garden con sus muchos y bonitos rincones.

Una vez que dejamos nuestras mochilas en la habitación visitamos, en el distrito de Nagamachi, la zona de Nagamachi Buke Yashiki, donde residían los samuráis, y también algunos centros comerciales. Esa tarde-noche se puso a granizar y decidimos comer algo y descansar pronto, para ir a la mañana siguiente a visitar lo que nos había faltado, que era el barrio de las geishas, al otro lado del río Asano-gawa,  antes de dirigirnos a nuestro siguiente destino.

NOTA: Para nosotros Kanazawa es una ciudad, dentro de lo que visitamos, que se puede obviar, añadiendo así una noche más, por ejemplo, en Takayama, que nos encantó.

Día 8: Takayama.

Tras visitar el barrio de las geishas, en la zona de Higashi-chaya-gai en Kanazawa, donde nos pilló una lluvia importante, fuimos a la estación y cogimos el tren, que como era de los antiguos tenía calefacción en los asientos. Eso nos sirvió para secar nuestra ropa mojada, mientras nos dirigíamos, por un camino precioso, entre montañas, a Takayama. Hay que hacer un trasbordo.

Takayama es una ciudad preciosa en un entorno rural inigualable. Aquí nos hospedamos en un hotel tradicional (ryokan): Oyado Koto no Yume. Un hotel diseñado al estilo tradicional de las casas de Takayama. Se puede reservar un baño en un omsen  privado y degustar un desayuno tradicional. Todo maravilloso.

Takayama es una ciudad para pasearla, caminar por sus calles, cruzar sus puentes, visitar sus mercados y, si se tiene tiempo, acceder al área de templo de Higashiyama. La zona de reserva de monumentos tradicionales se encuentra entre Shimonino-machi y Oshin-machi y la zona de Sanmachi  es donde se encuentran las casas particulares antiguas y de samuráis. Muchas de ellas convertidas en bonitas tiendas, destilerías de sake o cafés.

Comimos carne de ternera de Hida, servida en la barbacoa tradicional japonesa, típica de allí y buenísima. Paseamos por sus calles y nos fuimos al hotel a disfrutar de nuestra habitación tradicional y ponernos las ropas tradicionales (turistada, pero las fotos para el recuerdo quedan bastante chulas).

Día 9: Tokio.

Nos levantamos temprano para visitar el mercado matutino de Takayama y dar el último paseo por sus calles antes de dirigirnos a Tokio.

Llegamos a Tokio y fuimos desde la estación a nuestro hotel  (Nishitetsu Inn Shinjuku). Nos costó un poco encontrarlo porque no estábamos muy orientados y el cambio, de ciudades más rurales a encontrarnos otra vez en una ciudad grande, bulliciosa, y llenísima de gente, nos impactó y despistó un poco. Pero, finalmente, resultó estar muy bien situado y, por supuesto, teníamos nuestro equipaje esperándonos.

Tokio es un lugar que te invita a consumir. La zona de Shinjuku, donde nos hospedamos, está repleta de centros comerciales y hay edificios enteros de restaurantes, que tienen empleados a pie de calle invitándote a entrar. Lo neones por la noche son tan abundantes que no parece que haya oscurecido.

Visitamos el barrio rojo. Llama mucho la atención que en una cultura como la japonesa existan barrios de este estilo, algo más sórdidos, en una zona tan concurrida. Paseamos por varias zonas comerciales, con la decoración navideña ya colocada. Todo el mundo cargaba con varias bolsas en las manos. Seguimos callejeando, explorando las zonas aledañas, y aprovechamos para reservar asientos para las siguientes excursiones.

Día 10: Nikkó, Tokio.

Llegamos temprano a Nikkó y caminamos desde la estación, calle arriba, por el pueblo hasta el Shinkyo Bridge, para llegar a la entrada del complejo de templos budistas, puertas torii, pagodas y santuarios sintoístas, en un entorno montañoso y escarpado muy bien conservado. Ya a esas horas estaba lleno de gente. Entre los lugares, declarados Patrimonio Mundial, que podemos visitar aquí se encuentran el templo budista Rinno- Ji , los santuarios Toshogu Shrine, Taiyuin y Futarasan Shrine y la pagoda de cinco niveles.

Volvimos a Tokio para visitar Akihabara (barrio de la electrónica, donde muchas chicas van vestidas de colegialas). De allí, caminando, a la zona de Kanda. Luego cogimos el circular (metro incluido en JRP) rumbo a Takeshita Dori  y Omotesando (Harajuku). Luego andando a Shibuya. Las vistas del cruce son buenas y gratuitas desde el Starbucks. También visitamos la colina de los hoteles del amor (alquilan habitaciones por horas), la estación y cenamos en uno de los muchos restaurantes donde pides la comida en una máquina. Esta te expide una ficha que luego intercambias con el cocinero. Aunque hay empleados que te ayudan por si, como nosotros, te encuentras algo perdido. Para acabar nos dimos otra caminata hasta el hotel.
 
 

Día 11: Monte Fuji, Tokio.

Nos levantamos temprano para intentar ver la imagen del monte Fuji antes de que las nubes lo taparan. Decir que el camino y las vistas desde el  tren son muy bonitas.

Nosotros nos decantamos por visitar el pueblo de Kawaguchi-ko, uno de los puntos de la región de los cinco lagos del Fuji, donde mejor se puede ver y fotografiar la emblemática montaña reflejada en el lago del mismo nombre. Tras verlo y visitar el pueblo nos dirigimos de nuevo a Tokio.
 
 

En Tokio nos decantamos por la zona de Marunouchi y del Palacio Imperial (centro). Para nosotros con menos encanto. Hay un par de outlets de electrónica al lado de la estación. La zona tiene un carácter financiero del alto standing. Comimos por la zona y luego, andando, dirección Ueno (visitamos su parque), Yanaka (callejeando hasta el mercado). Yanaka es más tradicional, con un área de artistas y varios templos interesantes.

Día 12: Tokio.

Este día nos quedábamos en Tokio y salimos algo más tarde. Pudimos ver hordas de trabajadores, vestidos de forma similar, con la mirada fija y andando ordenadamente, dirigirse a sus trabajos. Igualmente curioso nos pareció ver el estado en que veíamos a algunos de esos trabajadores recogerse por las noches, digamos que algo chispados (cosa, según parece, de un gen).

Este día nos dirigimos a visitar las zonas de Asakusa y Sumida-gawa (en metro). Hay tarjetas de 1, 2,3… días para el metro. Se puede visitar el Tokyo Sky Tree y pasear por parques donde nos llamó la atención ver zonas de pesca, frecuentadas por lugareños, en medio de ellos. Otras zonas de interés son el templo Senso-ji (con su repleta zona comercial) y los alrededores del mismo. De ahí (metro) fuimos al mirador (zona de Roppongi) y, andando, recorrimos varios barrios más (algunos de estilo afrancesado) en dirección a los pies de la Torre de Tokio (réplica de la Torre Eiffel). Por último, fuimos en busca del parque Yoyogui (llegamos oscureciendo), para terminar cogiendo el metro (tras un paseo) en Shibuya, dirección Shinjuku Golden-gai. Allí pudimos cenar en uno de los típicos restaurantes en los que la yakuza solía urdir sus planes. Imprescindible cenar y dar una vuelta por los bares. Muy típico.

Día 13: Tokio. Aeropuertos Estambul – Madrid – Gran Canaria y regreso a casa.

Pasamos  por la milla de oro, donde están las tiendas de las marcas más prestigiosas, de camino al mercado del pescado Tsukiji (El más grande del mundo). Es espectacular para mezclarte con la gente, probar toda clase de marisco o pescado fresco y, por qué no, robar algunas fotos. Eso sí, recomendamos llevar un calzado al que no le tengas demasiado aprecio.

Visitamos el Tsukiji Hongwanji. Un templo budista precioso, en el que tuvimos la suerte de presenciar una ceremonia.

Desde allí (el vuelo salía de noche) empezamos a callejear hasta el Palacio Imperial y aledaños, para terminar rumbo Shinjuku (última vuelta) y dirigirnos al hotel. Luego cogimos un taxi hasta el aeropuerto.

 

E.Jota